Revista de poesía  
Revista de Poesía
La Habana-Miami
Santiago de Chile
  Se publica en Cuba, de forma artesanal, en edición trimestral limitada de 200 ejemplares desde Julio de 2000.
Regularmente en la web desde octubre de 2005.

 
Desde la Atenas de Cuba
 
  Puente de la Concordia, Matanzas, Cuba
 
 
Nivaria Tejera
Nivaria Tejera nace en Cienfuegos, Cuba, en 1930, pero su infancia transcurre en Islas Canarias, de donde era oriundo su padre, encarcelado en 1944 por sus ideas republicanas. La familia regresa a Cuba, donde en 1953, en la revista Orígenes, Nivaria publica el primer capítulo de su novela El Barranco (La Habana, 1959 / Biblioteca Básica Canaria, 1989), publicada en francés bajo el título de Le ravin (Paris, 1958). Se instala en París en 1954 y regresa a Cuba en 1960, publicando Innumerables voces (La Habana, 1962). Designada como Agregada Cultural del gobierno cubano en Roma, se aleja de la revolución en 1965 y se instala definitivamente en París. Publica la novela Sonámbulo de sol (Premio Biblioteca Breve, Ed. Seix Barral, 1971). Posteriormente, en francés, Fuir la spirale (Actes Sud, 1987). Su obra poética es extensa. Posee los poemarios Luces y piedras (1948), Luz de lágrima (1950), La gruta (1953), Alba en el niño hidropésico (1954), La barrera fluídica o París Escarabajo (1987), Rueda del exilado (1983) y Martelar. Su ensayo novelado J'attends la nuit pour te rêver, Révolution (L'Harmattan, Paris, 1997) vio la luz en español publicado por Ed. Universal, Miami, 2002. Una nueva edición de su novela El barranco, prologada por Antonio Álvarez de la Rosa, acaba de ser publicada por las Ediciones Canarias Visiones desde Fuera.

Nivaria Tejera

Por los tejados

Por los tejados de cristales
la lluvia rueda rumorosa,
su transparencia conciliadora
y escalofriante como el paso del tiempo.

En la espaciosa noche de verano
se van abriendo todas las ventanas
alrededor del techo de cristales.
Los vecinos se asoman y hablan
de cómo han crecido las plantas
de una muerte imprevista
del vino
de la guerra
de que hoy ha oscurecido más temprano.
Las nubes, las estrellas, el aire
entran a su corazón y lo acarician.
«Este cielo trae agua» dice un hombre
y todos miran hacia arriba.
Un niño se despierta, llora en su cuna, solo,
un gato muerde a otro.

Ahora el reloj deja oír la medianoche
y ellos se despiden cerrando sus ventanas
hasta mañana.

Sólo la vecina de enfrente
plancha todavía y de vez en cuando
levanta su cortina y mira.

Me he quedado pensando qué nobles son
sus cuerpos
y cuan pacífica acontece su vida,
mirándoles
ir venir entre los días
al fondo de las ventanas.

Ya se han apagado todas las luces.
El cielo está muy oscuro.
Sólo las buhardillas se levantan inmóviles
sobre la transparencia de la lluvia.
De pronto
el viento infla la ropa en los cordeles
y es como si zarparan
barcos hacia la noche.

La Habana un día

Un día
mi palma crecerá hasta la Manchuria
un buen día
pueblo mío
tú crecerás sobre el mar...

de pronto un día
los obreros felices pensarán en su ciudad
inventarán rampas infinitas
parques transparentes
para que los niños corran
por el espacio libres
extraños a los ruidos de la ciudad
a la impaciencia de la ciudad...
Un día
mi ciudad
te cansarás
de esa rigidez ajena
de los dominadores...

(Mi ciudad de La Habana
engarrotada
no se parece al mar
no se parece al cielo
ni a la palma
ni al Cauto
no se parece a mi isla
despejada
serena
ni al ser isleño
vegetal
sonriente...)

Un día
mi ciudad...
el mar te cubrirá
crecerá sobre ti
el mar...

Y tus obreros
te construirán en el mundo.

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