Revista de poesía  
Revista de Poesía
La Habana-Miami
Santiago de Chile
  Se publica en Cuba, de forma artesanal, en edición trimestral limitada de 200 ejemplares desde Julio de 2000.
Regularmente en la web desde octubre de 2005.

 
Desde la Atenas de Cuba
 
  Puente de la Concordia, Matanzas, Cuba
 
 
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Bruno Serrano. Poeta y artista chileno. Participa activamente en la vida cultural y social de su país. Los poemas aquí presentados pertecen a un cuaderno en preparación y aún inédito.

Bruno Serrano

Xo on

Soy el xo on
En mis grietas anida el abismo,
y mi sangre se disemina sobre las cuadernas
para llamar a la hija de la ballena
y el suicidio de su noche fetal

Entonces camino por el sueño
Hasta penetrarme al arco iris
Para que se incendien las estrellas
Allá, donde yo cierro los ojos
a mis muertos.

Aikainik

I

Ese sol tan silencioso sobre la ciudad
La quemadura y los gajos ,
un tropel de huachos mal alucinados
bullendo hacia un perro acabado de abrir
y en el que tampoco encontraste nada
sino lo belfos asombrados de los niños
por el mismo sol
que siempre ha brotado ahí,
siempre como una fiebre en el vientre húmedo de la parturienta,
sin jámas sospechar que el cielo de las charcas
fuese algo más que una gran teta para arrullarse
sin sospechar que nos embestiamos
a ras de a misma quemadura del rocío en las azoteas
ni de que el aleteo de los devorados por el fuego
era otra cosa que volantines como luciérnagas
sobre los músculos azules de la ciudad
Y es apenas eso
el musgo entre las uñas
lo escondido bajo los párpados
volantines,

sólo un latido más

volantines

ese sol tan silencioso

II

Aquí, en la orilla de la última pupila
donde los borrachos asechan las cadencias de la luna
Y al fin sonríen una plegaria para humillarnos

Luego es el sueño amniótico
El barro entre los dedos con el que nombraríamos otra vez
todas las cosas
que herían
cuando caminábamos hechos señuelos de sangre
asechando la lluvia que nos meaba los cráneos,
caminábamos hacia donde los viejos gigantes de humo acariciaban sus saetas
para aguardar el bozal, la barca reptando por el fuego,
la piel de sus espigas

III
Era el sueño amniótico
caminábamos para no vernos
a un instante del roce,
y es que ya nunca terminaríamos de caer
ni moriríamos del todo
porque el dolor es esta cama
con nuestro sudor encostrado en sus sábanas
y el polen abandonado sobre las huellas

Y al fin éramos Tu y Yo
condenados al mismo Sol

IV
El oxido rumiando a tus pies

Y en el rastro diseminado por esa callejuela
son las mismas Saetas encalladas en el hueso del Kauk'n

En el rastro
donde el óvulo que encierra a un sol
es el espejo manando entre nosotros
carne arrodillada ante la carne, señuelo.

Te arrancas los párpados
el óxido rumiando a tus pies
y lo imitas
para mamar la luz que rasguña
donde unen los muslos

Tus hijos ya no son la misma bestia
en la que gustábamos retozar hasta que la sabia chorreara
por los muros sucios, tan sucios como una plegaria

hasta marchitar el cielo lúbrico
¿Cuántas veces has tomado el rostro?
y bendecirnos las manos en su ceniza
¿Cuántas?
de la que los antiguos forjaban
piel para humillarnos
ritmos que aún dibujas en la arena

V
Mientras el chasquido eléctrico del osario del Onaisin
se pudre en los tímpanos muertos de los insomnes
y la niebla cala hasta el tufo del matadero,
bajo los neones
los viejos suicidas lamen el último sorbo de la cacería
y se recuerdan empotrados contra una sabana vacía,
-el polen arrullado entre las uñas-
Y las huellas que abandonaron los hijos
de los hijos de
Aikainik

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