Revista de poesía  
Revista de Poesía
La Habana-Miami
Santiago de Chile
  Se publica en Cuba, de forma artesanal, en edición trimestral limitada de 200 ejemplares desde Julio de 2000.
Regularmente en la web desde octubre de 2005.

 
Desde la Atenas de Cuba
 
  Puente de la Concordia, Matanzas, Cuba
 
 
Roberto de Jesús Quiñones Haces
Roberto de Jesús Quiñones Haces (Cienfuegos, 1957) es graduado de Derecho en la Universidad de La Habana. En 1985 publica su poemario La fuga del ciervo. En 1999 es recluido en la prisión provincial de Guantánamo. En 2001 su poemario Escrito desde la cárcel obtiene el Premio Vitral de Poesía que le otorga el jurado integrado por Gleyvis Coro Montanet, Juan Carlos Valls y Yasmín Sierra Montes. A este último cuaderno pertenecen los poemas presentados.

Roberto de Jesús Quiñones Haces

Cinco minutos para ver a mi madre

Hoy cuando viniste a verme
tu rostro me llevó al de la foto de la sala
donde estás con el pelo negro y un vestido azul
tenue como tu sonrisa.
La languidez del recuerdo se tornó nítida
como aquellas tardes de verano
cuando perseguía los juegos detrás de las marismas
vástago de la alegría y el salitre.
Mientras
tú dejabas las ondas negras de tu pelo
ante una batea con espumas
surcadas por bajeles de agua.
Momentos en que el olor de la ropa limpia
traspasaba las hendijas de la casa
las prendas dobladas como un día
detrás del almanaque
o puestas en la mesa de rústica madera
mientras sacabas canciones mexicanas de un pozuelo
para rociar con ellas tu esperanza
y la plancha avanzaba con la solicitud del orgullo
carente de reproches.
Me llamabas y salía para hacer las entregas
a través de calles sesgadas por el sol
parecían inmensas
atravesadas por ómnibus antiguos
y el tamborileo de sus cristales
sonando ahora en mi memoria.
Cualquier incidente me apartaba del bordillo
de la acera
como a quien le nace una estrella en el bolsillo
y no sabe que hacer con sus violetas
con todos sus destellos ahogados por la tela.
Yo buscaba el final de las calles de Cienfuegos
limpias como tus ojos.
Obnubilado ante bodegas
golosinas breves
y marquesinas que lanzaban mis preguntas
hacia escaleras de mármol y cúpulas de piedra
hasta que alguien recibía la ropa
y mis dedos ya no eran
un torzal entre percheros.
Entonces la tarde se recogía en el rostro
y tu voz retoñaba con amor en mi cabeza.
Hoy
cuando me abrazaste con tu cariño de siempre
el que no te han quitado los años
ni la distancia
ni las muertes
ese retoño permanecía en tus ojos
como un río pertinaz
fluyendo hacia las raíces de tu pelo
blanco de luz y de recuerdos.
Fue un instante que no saldrá en los noticieros
porque soy un sueño múltiple pero anónimo
en las rejas de esta cárcel.
Fue un abrazo de quienes quieren llorar pero no lloran
porque hacen trampas y sonríen
En ese instante que sólo para nosotros importa
tus manos
afanosas como tu lucha por la vida
se acercaron a mi rostro
y él fue a tu contacto
como una semilla que vuelve al vientre de su alma.
Ojalá el tiempo fuera una farsa
un beso que arrastre las mañanas de mis juegos
tu pelo negro que no volverá a llamarme.
Hoy cuando te fuiste
aunque no lloraste
tu rostro era una lágrima
diciéndome adiós desde la tarde.

Estas paredes

¿Acaso estas paredes no saben a lágrimas
a olvido
a traiciones
a muertes en silencio?
¿Acaso la luz las desvela
como desnudas separadoras de hombres?
Nadie puede engañarse.
Su blancura es el mutismo
que fuerzan el hierro y el cemento
y traslada en el aire
como una ensoñación perdida.
Pero yo escucho los gritos
que se impregnan en ellas
y descubro los hechos olvidados
en las manchas que rompen su blancura.
Ellas saben de golpizas
y han visto como se edifica la desgracia.
Ellas saben de la cópula prohibida
y de la esperanza izada con cualquier
pretexto
para que el tiempo no se desplome
y nos coloque ante un demiurgo
al socaire de la muerte.
Por eso no creas en el albor de estas paredes.
No son simples muros
sino la maldad disimulada en tanto blanco.
Setos clavados en la espera
¿hasta dónde pueden contra el alma?
Desde aquí veo crecer
el rumor de la hierba en la montaña.
Nada pueden contra mi fuga
hacia la meditación y el horizonte.

Noche

Detrás de las sombras
escucho el envés de los sonidos
los pasos de la duda
el amor.
Noche de estrellas lejanas
¿qué silencio tan alto taladra mis ojos?
Noche que navegas en un trozo de insomnio
¿qué círculo denso dejará de nombrarme?
Mi patria es la esperanza.
Una luz se desnuda en la infinitud
de tu vientre.
De las sombras ha de caer una estrella
sobre las hierbas.
Yo la veré gota de rocío
que clama por la altura
mientras su órbita se diluye en el céfiro.
Noche de tambores remotos
y silencio tan alto.
Mi patria pasa por ti
como un lirio acosado por el cieno.

La última, infinita libertad

Un astro turbio se adueñó de la noche.
Para entonces lo sabían las paredes
y las hormigas asustadas.
Un grito estéril anunció tu rostro
en una sábana manchada por tu espera.
De un extremo colgaban tus ojos de abalorio
escépticos a tanta expectativa
tanto alimento cómplice en el autoengaño de las celdas.
Te bajaron mil visiones ateridas por un golpe.
Un surco de navajas cortó el silencio
y saltaron las voces de mercurio.
Tus extremidades uncidas a los guardias
desandaron el pasillo
mientras repasamos tus vestigios
aún cálidos en nuestra memoria.
Susurros como lanzas te escoltaban.
Desde mi celda lancé mi rezo indefenso
como un lucero movido por el alba:
¡Adiós hermano de rejas,
que tu sueño de ahorcado te muestre la última
infinita libertad!

(25-10-2000)

Amanecer

¡Qué jardín de luceros
decapitados por el sol!

Búsqueda personalizada
Free Guestbook
Comentarios 

Arique es una publicación cultural sin fines de lucro que no se adhiere a corriente política o estética, institución o personalidad alguna, por lo que se financia del aporte de sus realizadores y amigos. Cualquier donación es bienvenida y se agradece profundamente.

Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons