Revista de poesía  
Revista de Poesía
La Habana-Miami
Santiago de Chile
  Se publica en Cuba, de forma artesanal, en edición trimestral limitada de 200 ejemplares desde Julio de 2000.
Regularmente en la web desde octubre de 2005.

 
Desde la Atenas de Cuba
 
  Puente de la Concordia, Matanzas, Cuba
 
 
Liudmila Quincoses Clavelo
Liudmila Quincoses Clavelo (Sancti Spíritus, 1975). Una de las más conocidas y divulgadas de las jóvenes poetas cubanas. Ha publicado numerosos poemarios y obtenido reconocimiento en la Isla y en el extranjero.

Liudmila Quincoses Clavelo

Poemas en el último sendero
(fragmentos)

En el último sendero el iniciado piensa:

He sido un hombre mínimo que se muerde la sombra;
un hombre tan raro (vendedor de quesos),
estudioso, callado discípulo de Blavatsky.
He repasado en sueños todas las doctrinas
y he escogido la más terrible:
estar despierto.
Vivo sujeto al azar, a la incertidumbre
que me muestra inocente la mañana.
Tengo dos o tres amigos pero no tengo espejos.
Los espejos son vicios, sutiles arrogancias
y me destruyen.
Me dejan si aliento las nubes y el futuro.
Soy un hombre pequeño,
tan inmenso es el mundo.
La claridad me hiere, atraviesa ventanas,
es osada, desnuda la luz, es como el fuego.
Soy un hombre pequeño,
tan inmenso es el mundo.
(...)
Yo no tengo jardines, ni hechizos poderosos,
mi anillo es el hechizo de la nada cambiante.
Hazte lenta, hazte sombra, pero déjame el alma.
En mi cárcel de árboles no le temo a la muerte,
la muerte no conoce las caras en la niebla.
Ya no sé si mi meta fue llegar al sendero.
Estoy solo, callado a la luz de mi anillo.
Tengo frío,
la vida me abandona de prisa.
Estoy solo, callado,
tan inmenso es el mundo.

Vísperas

Vamos atravesando esta tarde
como quien cruza una avenida en llamas,
un territorio inundado por un agua turbia.
Vamos de un extremo a otro de la palma de tu mano,
nos asomamos en líneas diferentes.
La adivina dice que existimos,
así, sin que tú quieras,
sin que lo quiera yo.
Atravesamos un gran puente y algunos árboles,
la muerte y yo, asombradas,
como dos amantes que se reencuentran.

Oración por la casa

A Tesso

Necesito una mano que acaricie mi cabeza como tú lo hacías.
Necesito un rostro, una taza con café, unas palabras.
La casa está vacía, las manos están ocupándose de limpiar y recoger
y acariciar los gatos.
Pero tus manos no están.
Qué extraña la infancia,
es raro ser niña y estar siempre esperando

que el tiempo pase,

para crecer y quedarnos tan solos,

en medio de esta vida.

Si estuviera aquí y me alumbraras
los ojos.
Escucho el mismo tango de Gardel,
percibo tu presencia
en las habitaciones ordenadas y solas.

Enciendo como todos los días el caramanchel a los santos,
tú lo vigilas.

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