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Arique, revista de poesía
Se publica en Cuba, de forma artesanal, 
en edición trimestral limitada de 200 ejemplares desde Julio de 2000.
Regularmente en la web desde octubre de 2005.
Cuba  
Puente de la Concordia, Matanzas, Cuba

Hermanos Uhrbach, Federico a la derecha
Federico Uhrbach
(Matanzas, Cuba, 1873-La Habana, 1932). Colaboró en La Habana Elegante (1893-1895), El Fígaro (1893-1927) y Gris y Azul (1894). Colaboró en la Revista de Cayo Hueso, El Yara, El Expedicionario, Las Tres Américas, Cuba y América. Fundó, en unión de José Govín el semanario separatista Los Azules. Formó parte de la redacción de El Fígaro, tuvo a su cargo secciones fijas en El Heraldo y en La Nación y colaboró en El País, La Discusión, Letras. Su obra Dolorosa, con música de Eduardo Sánchez de Fuentes, fue estrenada en el Teatro Nacional en 1910 y puesta en escena, en 1911, en el Teatro Balbo de Turín. Cesanteado de su cargo de Jefe de Negociado de la Propiedad Intelectual, conoció días de miseria. El conjunto de poemas bajo el título Flores de hielo fue publicado con las poesías de su hermano Carlos Pío en el tomo Gemelas (La Habana, A. Miranda, 1894). Más tarde recopiló toda la producción de ambos en el tomo de poemas titulado Oro (La Habana, Imp. Avisador Comercial, 1907). Dejó inéditos un libro de cuentos escrito en colaboración con su hermano Carlos Pío, varios volúmenes de prosa y verso (Collar de cuentos, El dolor de la vida, Rimas para ella, Más allá, Trigales de oro Diafanidad) y la fantasía lírica Niebla de ensueño, que fue llevada a la escena en La Habana. Usó los seudónimos Tulio Arcos, Jorge Brummel y René de Vinci. (En la imagen, a la derecha de su hermano Carlos Pío).

Federico Uhrbach

Para unas voces

En la penumbra incierta del historiado coro
disuélvese un perfume como de castidades,
y de la nave inmensa las blancas soledades
invade un leve soplo de virginal decoro.

De los erguidos cirios la lágrima de oro
tiembla al errar el vuelo de espiritualidades
que emana de las voces del coro, en suavidades
flexibles, tenues, leves, como hálito sonoro.

la vibración postrera se extingue de las voces,
y aún se perciben vagos, como sedosos roces
que pueblan el silencio de los sitiales almos;

y el único interroga, si en la alta sillería
expira lentamente la santa melodía
o inícianse en el alma desconocidos salmos.

No.1, Julio de 2000

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