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Arique, revista de poesía
Se publica en Cuba, de forma artesanal, 
en edición trimestral limitada de 200 ejemplares desde Julio de 2000.
Regularmente en la web desde octubre de 2005.
Cuba  
Puente de la Concordia, Matanzas, Cuba
Carilda Oliver Labra
Carilda Oliver Labra (Matanzas, 1922) es una de las voces mayores de la poesía cubana actual. Premio Nacional de Literatura en 1997, su obra ha sido traducida a numerosos idiomas y ampliamente difundida en Hispanoamérica.  El Frente de Afirmación Hispanista le otorgó el Premio Vasconcelos en 2002.  Sus poemas, algunos de ellos entregados expresamente por la autora, han estado presentes desde el primer número de Arique en julio de 2000.

Carilda Oliver Labra

Tinta de locura

Apenas te prendes de mi seno
no sé si amamanto a un hijo o me desquicia un amante;
no sé si el mundo está dando vueltas,
si soy miserable o reina.

Cuando cierro sobre ti como una puerta trágica
tú crees que amaneció;
yo, en cambio,
descubro que estamos tentando los infiernos,
que eso que gorjea celebrándonos es un ave siniestra,
que tanta luz presagia el rayo.

Sé sordo, mudo, ciego.
Mátate esos labios en los que estoy resucitando,
córtate esas manos;
no me claves.
Sólo puedes perder lo que no tienes.

De Error de magia (2000)

Los encuentros

I

A veces va una por la calle, triste,
pidiendo que el canario no se muera
y apenas se da cuenta de que existe
un semáforo, el pan, la primavera.

A veces va una por la calle, sola,
-ay, no queriendo averiguar si espera-
y el ruido de algún rostro que se inmola
nos pone a sollozar de otra manera.

A veces por la calle, entretenida,
va una sin permiso de la vida,
con un hambre de todo casi fiera.

A veces va una así, desamparada,
como pudiendo enamorar la nada,
y el milagro aparece en una acera.

II

Sí, la noche te trajo. Yo, dorada,
prosa, casto limón, convaleciente
del último quizás de tu mirada,
bajé por la ternura de repente.
¿Qué hiciste entonces con tu boca urgente
en mi mano de libro y enramada?
¿Trataste como un gajo del poniente
la mano que me sigue iluminada?

No sé. No sé enterarme de este asunto:
No sé. No sé: me conmoví despacio.
(Quede la sinrazón por testimonio.)

Pero recuerdo que a las nueve en punto
rodó ya carcomido en su palacio
mi corazón de estatua y de demonio.

III

Saliste tú y no el sol, de mediodía
pues llamo al imposible por su nombre.
Parado en el camino como un hombre
eres casi la luz que me insistía.

Tu casa estaba por lo sola, fría,
y cuando nos besamos tuvo un ala
que aún debe andar volando por la sala.
Dije que no, que tumba, que venía

un porvenir de arañas, y de acero.
Dije que no, que no, le dije, pero
la lluvia es una lágrima tan bella

(siempre ha llovido donde muero y paso)
que hubo el silencio del amor acaso
y entre mis muslos progresó la estrella.

IV

(Dátil de tu mirada, gloria justa.)
Mañana volverá la primavera.
(En tus uñas de niño me perdiera.)
Mañana volverá la fiebre augusta.

Mañana volverá nuestra emboscada
de besos milenarios y futuros.
Mañana -pienso- y se me vuelven puros
los vicios de esta carne enamorada.

Mañana tengo cita con tu aorta.
(No me importa la bruma, no me importa:
ya puedo hasta volverla transparente.)

Mañana bajo nubes, bajo hierros,
nos amaremos desusadamente
como profundos astros, como perros.

De Sonetos (1990)
No. 12-13, Abril-Septiembre de 2003

Desnudo y para siempre

Errática,
sin vino,
profesional del fósforo,
cuando tú
haciendo un remolino de ilusiones,
con ese estruendo del laurel,
desnudo y para siempre entraste bajo el agua.

Un poco desasida,
como mirándome los pies,
cuando tú,
domingo rápido,
parada del vidrio,
hincaste el baño con tu gesto de animal profundo.

El agua,
ay,
quedó colgando entre mis ojos y tu carne
como una telaraña,
desnudándote más.
Entendida por el demonio,
bárbara,
tuve un acceso de locura,
un punto apenas de explosión atómica,
un apogeo del clavel preciso
y creí.

(Creer es desear tu sexo y darle de comer a una paloma).

Se fue cayendo
la mañana.
El vicio de la estrella
saliendo así de entre tus párpados
era la luz
que yo he llamado lágrima;
relámpago que empieza aquí y después de verle
no morimos.
(Vete,
dolor que lo menciona:
al innombrable se le pone tumba,
en paz quedamos
y luego va una por el mundo como quien nunca tuvo
cosas inmortales).

Estaba, sí, después del beso,
pidiéndole perdón a las paredes;
estaba como pariéndome otra vez,
como de niña bajo el vientre,
como palideciendo mucho,
como casi,
como empezando a ser
cuando
desnudo y para siempre entraste bajo el agua.

Todo el naufragio se paró de pronto,
todo en octubre se hizo pan
misericordia del tiempo.

Otoño,
estatua germinal del cuarto,
lúgubre hermosura de los huesos;
sin usarme,
sin yo misma,
naciendo a los temblores importantes,
a la pequeña abertura de la dicha
si llueve y canto;
más tú que nada,
médula del presagio,
sólo un negocio del asombro,
sólo un trémulo palacio donde gateaban
noes ineluctables,
sólo la música que escuchó el verdugo,
azucenado nervio,
estaba
cuando
desnudo y para siempre entraste bajo el agua.

No. 11, Enero-Marzo de 2003

Alejandrina

Moribunda feliz
nos había invitado a la cena última.
El mantel, blanco,
con ángeles tejidos en las puntas
(ella quiso anticiparse el cielo);
la carne, en la mesa, era la suya
y todos se la quitábamos.
No hubo música.
Una tempestad engalanó la noche.

No. 9, Julio-Septiembre 2002

Décimas a la Virgen
(fragmentos)

II

Catorce años... La espuma
te enamoró de repente.
Eras la sed diferente,
el astro sobre la bruma.
¡Que un pájaro te resuma
los inefables trajines!
Reina de los querubines,
muchachita sin regaños:
cumplías catorce años
como quien cumple violines.

VI

¿Por qué no decir lo bella
que estaba en el pesebre?
¿Por qué no cantar tu fiebre,
Embarazada Doncella,
mientras se alzaba la estrella?
¿Por qué no hablar de tus manos:
dos diminutos veranos
en la noche lenta y fría?
¿Por qué no rezar, María,
por tus momentos humanos?

XIV

No pudo la Muerte entera
secar de un golpe el rocío.
Estaba escrito el Vacío
para después que se fuera.
¡Qué pesadumbre agorera,
qué abeja huyendo del bien
cruzó por Jerusalén
cuando una amapola inerte
se puso a llorar la suerte
de no brotarle en la sien!

XVII

Y cuando acabó el Martirio,
y cuando acabó el Calvario,
y fue la Tierra un sudario
y el Sol un solemne cirio,
cuando el Hijo como un lirio
dobló finamente
sus párpados contra la luz,
toda tú, Virgen María,
con el alma todavía
cargando estabas la Cruz...

XX

Sí, Virgen, sí, Dolorosa,
beso de luz, cristal bueno;
sí, Madre del Nazareno,
razón de la mariposa...
Tu llanto es el agua hermosa
que da música al caer.
Tu llanto es ese quehacer
que tiene abajo la nube,
y no lo vemos y sube
cuando llora una mujer...

No.6, Octubre de 2001

Y no acierto la clave

¿Cómo no encuentro esa palabra?
A fuerza de soledades
No sé qué aguardo ni qué deja de pertenecerme                                                                 
y se acumula el tiempo con espigas, várices, iluminaciones.
No me quejo sino de que la muerte asoma;
este diente, que he perdido es una de sus señales,           
esto temporal que ensordece es uno de sus  atributos.
No hay nada que hacer o quizás sí
y no acierto la clave.      
                                                                                               
Ahora se aproxima una página y me toma de golpe.
Es como un amante súbito que no esperábamos,
que nos posee en el temblor del crepúsculo
sin una sola sílaba imprudente.
Bajo su magia encuentro a la primera mujer sobre la tierra
que seguramente fui.
Yo estoy muerta, lo sé,
pero salgo a pasear por la Calzada de Tirry
y me asombro con sus cariátides al llegar a una esquina.

Persigo lo que no existe y conozco de siempre.
Canto a la tempestad:
soy su hija, su desmemoriada,
la última de una raza que no ha de dejar descendientes.
Contraigo alguna mansedumbre cuando me da el sereno
en las noches del mar.
Vivo de ese trago de lluvia
de aquel poco de hombre;
se me cruza la vista con viajeros, con nubes,
el simún, las estatuas;
y siempre tengo miedo a morir de ternura.
Clavada a este madero que me tomó por náufraga.
0 acaso es una cruz.

No.1, Julio de 2000

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