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Arique, revista de poesía
Se publica en Cuba, de forma artesanal, 
en edición trimestral limitada de 200 ejemplares desde Julio de 2000.
Regularmente en la web desde octubre de 2005.
Cuba  
Puente de la Concordia, Matanzas, Cuba

I.S. MerlinI.S. Merlin
es el seudónimo literario de Iván Suárez Merlín (Matanzas, Cuba, 1969). Es co-autor de Antología de la Poesía Cósmica de Matanzas, Cuba (México, 2003) y de numerosos poemarios inéditos. Textos suyos aparecen en antologías de poesía cubana. En 1998 formó parte, junto a los escritores y poetas matanceros Angel A. Moreno, Urbano Martínez Carmenate y Raúl Tápanes, del grupo que dio vida a esta revista.

I.S. Merlin

Los días del payaso
(fragmento)

Hojas que caen sobre el cuerpo como puñales sin huella,
sin nombres,
sin manos para contenerlos en el río de sangre.
Igual a un acazador de profetas soy el disparo y la fiera herida,
no soy nadie,
y la vastedad del traslúcido cielo reflejando las cicatrices,
la agonía de un penitente,
de un Dios que se oculta en mis actos y muere con los crepúsculos,
con las ruinas de mi vida.
Todos cargamos esa cruz infinita e insondable,
las hay de diversas fibras, de distintos pesos,
la mía es de duro hierro encendido,
y voy a Roma o a Jerusalén para que alguien clave mi designio.
Yo no vivo,
me viven;
el tiempo,
la distancia,
el engaño de los sueños,
las oscuras bibliotecas del recuerdo,
los extraños rictus del pensamiento,
el instinto,
los deseos,
el alcohol y las mujeres,
los vicios,
el hambre y el amor.
La muerte.
Yo no he vivido.
Me viven como la historia.
Hojas que caen como la muerte.

No. 12-13, Abril-Septiembre de 2003

Arrodillado el destino en el camino
como rígidos pliegues inmóviles,

inasequibles a todo ruego a toda pregunta,
mis ojos graves,
detenidos como piedras sobrehumanas,
nada dicen y ocultan el recuerdo de las noches,
del rayo soñado en la boca de oro de un ídolo perdido.
Soy una pregunta en los evangelios de la vida,
un antiguo dios por las riberas de los sueños
que llama por tu nombre todas las cosas.
Soy el náufrago de la memoria de Dios,
el muñeco que el mundo inventa para justificar su existencia.
Soy el que pasa como se pasa una hoja de la Biblia,
soy el oscuro huésped.
El instrumento.

Prólogo

Ellos olfatean en la distancia que no soy de su manada.Yo entro,
me acomodo y les miro,
sonrío.Ellos presienten algo en mi olor que no se identifica,
que les es extraño,
misterioso,
sospechoso.Me observan con recelo y escucho la sinfonía de sus dientes,
el rumor de su sórdida sed,
su mortecina rabia al caer en el vacío temeroso de sus sombras.Ellos olfatean que no soy de su manada
y se arrojan sobre mí...

No.6, Octubre de 2001

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Madre, esta cosa que soy es el fruto de tu vientre,
una desterrada parábola descifrando su círculo en el río del sueño,
en los cambiantes números que rigen la muerte,
en los evangélicos abismos de la vida.
Todo pasa madre,
como la imagen en el espejo,
como un trago de ron en la memoria de un hombre sin dios,
como una tarde crepuscular en la luna de los locos,
semejante a un sueño del destino en el filo de la navaja
cuando la noche es más negra.
¿Dónde están las puertas?
He tocado tantas veces que mis manos se llagan por tantos golpes inútiles,
por tantos clavos aferrándose a la piel ensangrentada.
Oscuros puñales en las costillas desfilan llamando la noche,
la ausencia baila en el puerto, con los traficantes y los santos que regresan de las tumbas,
manos epilépticas que labran en la sal de los días su fortuna,
el desayuno de sus ruinas,
el mar de su agonía como un caldo difícil de tragar.
Este es tu hijo, o es que ya no lo conoces.
Su tiempo es un tiempo muerto,
un huésped de la vida,
un sueño en la ciudad sangrienta,
la irreverencia de una noche larga en la mesa de los Judas,
el pan y el vino en la cárcel de sus postreros días de cenizas,
siendo negado aún cuando el gallo no cantó.
Este es tu hijo,
un engendro de cosas sin descifrar,
cosas bellas y monstruosas pero cosas al fin.
Madre, si me condenaste a la vida,
para qué quiero la muerte si la memoria queda como una puta
besándome hasta sacarme el último centavo.

No.2, Octubre de 2000

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