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Arique, revista de poesía
Se publica en Cuba, de forma artesanal, 
en edición trimestral limitada de 200 ejemplares desde Julio de 2000.
Regularmente en la web desde octubre de 2005.
Cuba  
Puente de la Concordia, Matanzas, Cuba
No hay imagen disponibleMario Robin Martínez Mesa (Matanzas, 1963)
es poeta y narrador, miembro de la Asociación Hermanos Saíz. Tiene varios poemarios inéditos, entre ellos Símbolos del candelabro y Los brazos del espantapájaros.

Mario Robin Martínez Mesa

VIII
(fragmento)

Cansados como los soldados que regresan
de ahorrar perdidas batallas.
Sus lanzas arrancaban el polvo
como una historia que no descifro.
Yo no aprendo mi leyenda
de ganar la vida como apuesta
como los dados de marfil sencillo.
Oscuro de golpes, de rodar acaso
como yo en las mismas cosas,
el vacío el tiempo, mis dedos que socorren
los ojos cuando lloran
o miran la espada bruñida
de un general olvidado.
Ahora estás tú
y yo cansado recorro los libros,
duermo en otro cuarto
sabiendo que aún no es hora de sueños.
Duermo, aún cansado escucho los pasos
de mi perro, mi voz afuera queda
en los extraños círculos de la luna
cuando da luz en principios de soledad.

(...)

No. 12-13, Abril-Septiembre de 2003

Una mujer se desnuda

Si viniera alguien,
no separando las hojas de los libros
ni cambiando el fuego de los sacrificios;
alguien con azafrán en las manos
dando un grito que se escuche en el manglar
mientras los perros retornan gimiendo tristes tristes
mirando el mayor lucero que se cruza.
Las estrellas no tienen precipitaciones
para impulsar las prendas que quedarían en las manos,
el vestido estrenado como la noche negra,
y se intenta soplar al aire, separar las sábanas del lecho
en ese río que arrastra todo, los huesos de otro
en el caminar libre por la habitación.
Rectos desde mis dedos, están sus senos
y siento como copla desde el norte
la brisa que dibuja sombras en la pared
como los llanos ásperos de cinturas malgastadas
en una gruta donde el hombre más valiente
intentó hacer de su cuerpo la piadosa ausencia,
los silbos desde las peñas y la mirada desgranada
que la ven desnuda en grave peso hiriendo la balanza
entre la rama seca y el junco delgado al final del reloj
que me anuncia ser bastón suyo, camino labrado
por donde se andara de regreso a la boca,
el día que estaba lejos, como más eco, más mortal
haciendo signos en la espalda, buscando la blusa
recamada de botones argentados
que han dudado en el caer, y la flor en sus labios
mirando desde el jarrón el trópico que son sus ojos.

No. 11, Enero-Marzo de 2003

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