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Arique, revista de poesía
Se publica en Cuba, de forma artesanal, 
en edición trimestral limitada de 200 ejemplares desde Julio de 2000.
Regularmente en la web desde octubre de 2005.
Cuba  
Puente de la Concordia, Matanzas, Cuba
Raidel HernándezRaidel Hernández
(Colón, 1971) En 2001 obtuvo el Premio de la Academia Castellano-Leonesa de la Poesía por su libro Elogio del tiempo
.

Raidel Hernández

15

El sol bajo otro sol,
la mano tuya.

Acudo al dócil fuego
mecido por la brisa
en la ventana.

(Besando la madera,
elegante huésped,
el verano).

Cierro los ojos
y en paz quedo
sobre la mano blanca
de mi niña.

De Elogio del tiempo
No.12-13, Abril-Septiembre de 2003

Libro I, 3

La eternidad,
cautivas llamas,
ni soñarla puedes.

Ráfaga leve
la vida imaginada,
expirando candor.

Regreso o voy,
aún no sé
a dónde aliento,
aunque mías son
las enormes alas
de la noche
y la lisonja
de la carne,
ancha como una pradera.

Es menester que recoja
con orgullo
lo que apenas queda
de los días gloriosos,
cuando fui ilimitado
por ventura del amor.

A mí me ha tocado
la terrible hermosura
de ser hecho pedazos
por la luz
y cantar.

Porque soy un fantasma polvoriento
inventado con las sobras de la vida
y las altezas de una ansiedad sin término.

Porque soy la cría innoble
del otoño.

Libro II, 2

Mañana y hoy,
¿qué nos importa?
Conversamos.
¿No es cierto
que fue nuestra
la joven hechizada,
la de labios finos
cual dibujos
o cintas perfumadas?
¿O la otra de piernas solitarias,
tocadas por el mar, azules?

¿Y no es cierto también
que a perpetuidad olían
los vestidos ceñidos
al calor del mediodía?
Regresan del ayer
y aún nos dejan
la suave delicia
del perfume.

No. 9, Julio-Septiembre de 2002

Los vagos dominios

Cómo recuerdo el viento meneando la arboleda
y sus sandalias donde se paseaban las hormigas
tras aquella dulzura que su vestido de flores derramaba.

Debo decirlo, despacio, para que no pase nada
en esa tierra honda del recuerdo,
para no remover la piedra en que una noche
guardamos el suave esplendor de las estrellas.

Bien despacio me detengo ante esas márgenes
y me colma un púrpura lejano, lejanísimo en mi pecho.
Es una forma, digamos, de hablar y no me escucha,
una forma de ir a entonces cuando era y eran las nieblas
como olas y los sueños olían a madera.

Tan breve magia ardió en mi rostro
y sus cenizas doy al viento.
De antes para después, ya casi ahora, y parecía siempre.

No.6, Octubre de 2001

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