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Arique, revista de poesía
Se publica en Cuba, de forma artesanal, 
en edición trimestral limitada de 200 ejemplares desde Julio de 2000.
Regularmente en la web desde octubre de 2005.
Cuba  
Puente de la Concordia, Matanzas, Cuba
Juan Luis Hernández Milián
Juan Luis Hernández Milián
(Matanzas, Cuba, 1938) Es un reconocido poeta y traductor, autor de Perfección del imposible (1998) y otros poemarios. Ha traducido a Pushkin, Ajmátova y más recientemente a Evtushenko, entre otros poetas rusos. Aún permanece inédito su más reciente poemario: Este poco tiempo.

Juan Luis Hernández Milián

Separada mi alma de la carne
azules en sus propias catedrales
hasta que tú la ganes y despiertes
al céfiro febril y su diamante.

Como aquel que no quiere que las cosas
las toque un fuego que no sea el fuego
atento y transparente del amor,
entre ese fuego y sus caminos vivo.

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Sobre la mesa,
desde alguna agónica galaxia,
cae una mariposa
ebria.
La llevas a los labios
y más tarde
en oro transparente
la devuelves
al aire.

No.14, Octubre de 2003-Septiembre de 2004

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Cada palabra
no es sino el aliento
de ti invisible.

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Ir hacia ti
es palpar universos
aún intactos.

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Tú, como astro

trunco hace siglos luz,
brillas en mí.

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Yo te he creado
con el barro ideal
de la quimera.

No. 12-13, Abril-Septiembre 2003

Medir el tiempo
con silencio y palabra
salva la vida.

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Hermosa lluvia
de aquella desnudez
aún cayendo.

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Tenue la yerba
iba cubriendo el patio
hasta tus pies.

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Tu cuerpo es tiempo
perdido sin remedio
en la eternidad.

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No es pura el agua
hasta caer al fin
en tus manos.

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Sin poesía
de su vuelo ancestral
el hombre cae.

No. 9, Julio-Septiembre de 2002

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Al fin es tu presencia carne pura,
transida sombra de fugacidad,
mientras la vida irremediable rueda
y uno ríe magnífico de histeria
con un halo de santo irreverente...
Cáigame el tiempo así con muerte clara
como si ardiera aún aquella lumbre;
bastaría el recuerdo, mansa fiera,
para salvar una palabra al menos...
Con astrales avisos de infinito
se va cumpliendo mi último deseo.
¿Habré vivido ya lo suficiente
entre el espíritu y el cuerpo preso,
de humanidad culpable en la madera?

Oct. 99/ Mayo 2000

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El silencio por fin es siempre mío
sólo yo atino a su destino terco
como si el mundo se viniera abajo;
difícil como Dios, desnudo a veces,
en medio de los truenos primordiales,
al terrestre zodíaco renuente
laborioso el amor su nombre escribe
prendido de la carne, eterna noria,
la vigilia perpetua del poeta
es el tiempo vivido en un minuto
al asumir de otros sombra y luz...
Con nosotros me encierro a cal y canto
donde la vida fulge y no reposa
la noche es algún libro que he leído.

1994-1997

No.5, Julio de 2001

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