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Arique, revista de poesía
Se publica en Cuba, de forma artesanal, 
en edición trimestral limitada de 200 ejemplares desde Julio de 2000.
Regularmente en la web desde octubre de 2005.
Cuba  
Puente de la Concordia, Matanzas, Cuba
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Julieta Bermúdez Burgos (1977) Es miembro de la Asociación Hermanos Saíz. Ha publicado los cuadernos Los reyes ilusionados (Ediciones Vigía, Matanzas) y Jugando al oráculo con W. Whitman. Sus poemas han aparecido en antologías y publicaciones en Cuba y otros países.

Julieta Bermúdez Burgos

Matanzas

I

No salven a la ciudad
que yace deshojada
puede perderse en las tardes y caminar descalza los ríos.

En sus muros se hiela el espacio y queda inmóvil la luz.

Que se esfume en la lentitud de los trenes pero que vuelva
donde andan moribundos los barcos y el musgo es una senda
imprevisible.

II

El caminante de los pies grises
se posa en el campanario más alto
para llorarle a los tejados su mudez.

Esta ciudad quedó atrapada
en el espacio interminable de un instante,
en un vuelo eterno.

¿Quién vertió este cántaro de islas y peces sobre mi cuerpo?
Alguien muere perdido.
Un hilo de polvo se eleva.

Las ballenas hieren la transparencia,
se lamentan las aguas de ser indiferentes a sus ojos.
Si pudieran ahogarse en lo profundo.

No.5, Julio de 2001

Otoñal

Un soplo de penumbra esparce
las sombras grises de los puentes.
Alguien espera enmudecido bajo las aguas
la nevada que nunca llegará.
Suave transparencia,
aguardarás perenne en lo profundo,
aquí sólo caen las hojas
y la ciudad muere húmeda.

El humo se desprende de las velas
bajo su sombra aman los espejos,
duerme la quietud.
Su paso es el vuelo de las puertas
que besan las hojas
hiere el vacío
y todo se vuelve una silueta
una danza de etéreas figuras.

Por si vuelves

Extraño fugaz que cruzas por mi mundo,
escucha el gemido de la tierra perderse
en busca de la luz
como un grito de muerte que se queda
vibrando en el espacio.
Me llaman mundos desconocidos
presiente su existencia
a través de los cristales del cielo
como una clave secreta
violando las dimensiones que nos separan.
Grito al universo que me salve de los grises espejos,
mi voz, tan sólo una llovizna que roza los astros
nos une en lo más profundo del cosmos.
No temo a lo diferente,
no importan las formas de nuestros cuerpos
ni sus sombras.
Y he aquí mi señal, errante viajero,
si alguna vez me encuentras
tocaré una música en mi flauta
y esperaré eternamente
por si vuelves.

No.4, Abril de 2001

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