Revista de poesía  
Revista de Poesía
La Habana-Miami
Santiago de Chile
  Se publica en Cuba, de forma artesanal, en edición trimestral limitada de 200 ejemplares desde Julio de 2000.
Regularmente en la web desde octubre de 2005.

 
Desde la Atenas de Cuba
 
  Puente de la Concordia, Matanzas, Cuba
 
 
Regino Pedroso
Regino Pedroso (Unión de Reyes, 1896-1983). Uno de los más grandes cultivadores de la poesía social en la Isla, en la cual su poema Salutación fraterna al taller mecánico marca un hito. (Dibujo de Jorge Mañach).

Regino Pedroso

Un poeta ha partido hacia las fuentes amarillas

Era el más joven, y ya ha partido.
Mensajero del iris en la región de atmósfera de barro
en donde desfallecen sin el vuelo las alas.

Las praderas de sombras, el país de loa blancos bambúes,
las fuentes amarillas,
para sus ojos nítidos ya no tienen misterios.

Hoy junto al kiosko sólo la soledad mis pasos acompaña.
Ya ni su risa, ni su canto, infantil, ni su palabra trémula
enflorecida de musicales ecos.
Ante el cercano invierno sólo el otoño pálido volando
en mi camino conchas amarillentas.
No era el trigal del viento, ni los terrestres ríos, ni la
misma ciudad ni las creencias
lo que en el ancho océano armonioso trenzaba nuestras
almas hermanas.
Era la luz, la atmósfera impalpable, la clara tierra astral
de un universo inexistente.
Apenas si en el breve segundo de la vida pudieron
estrecharse nuestras manos;
pero él se ha ido, amarillo entre rosas, en su brumosa
barca de las insondables,
y hoy se abre ante mis ojos un mar de sombra en tan
inmensa soledad
que a su sola presencia mi corazón naufraga.
Se alejó con voz de agua de estrellas, de luz,
de música
y presencia irreales,
y la raíz de su voz, de su espíritu, nacido en los celajes
que alimentan los sueños.
Hoy toco su presencia en la noche infinita de latidos que
entre mis dedos dejan amargura de ausencia.

La helada que comienza mi sendero a emblanquecer
ya no es aquella que viera retornar las primaveras
Todo ha empezado a enmudecer para el blanco silencio:
las flautas, las danzas, las manos, las canciones;
recogidas en sus ecos, las caracolas líricas.
¡Qué solo miro en torno amarillear los últimos rosales!
Y uno ha partido, sobre marespumosa de misterios, uno
ha partido.
Ha partido ya aquel con quien en el invierno yo hubiera
querido dialogar calladamente sin pronunciar palabras.

De Obra poética

Una canción despedazada

Mañana, bajo el alba de un mundo en entusiasmo,
amargo, arrepentido, te llegarás a mí:
"Fui loco, injusto, sordo, — dirás clamando al viento—;
te perseguí en la tierra, en el aire, en las aguas;
te odié y negué en las noches,
no te di paz ni sueño:
¡siempre te perseguí!
Y eras tú lo infinito…
Estaba en ti la aurora, el bien, el ala, el beso;
la vida en luz y en grito sangraba en tu canción;
te vi trémulo al viento, desgarrado y desnudo,
eras mi propia carne,
y no escuché tu voz"
¿Te sentiré…? ¡Quién sabe!
Desnudo de ansia y canto me bañaré en el polvo.
Como agua de júbilo la risa de los niños
desbordará en los días;
la ciudad de un crepúsculo se abrirá en el ocaso;
y áureas baladas nuevas, como abejas de música,
colgarán sus panales de miel sobre la vida.
De las calles, acaso te llegue una canción
trunca, despedazada por los dientes del viento,
como aquella que en carne despedazaste en mí…
Jirones de palabras te endulzarán las manos:
"Odio llovió en la tarde y anocheció la tierra,
pero en los anchos cielos amanece el amor…"
Y en esa canción rota desgarrada en el aire,
¡me sentirás vivir"

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