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Arique, revista de poesía
Se publica en Cuba, de forma artesanal, 
en edición trimestral limitada de 200 ejemplares desde Julio de 2000.
Regularmente en la web desde octubre de 2005.
Cuba  
Puente de la Concordia, Matanzas, Cuba

Mercedes Matamoros
Mercedes Matamoros
(Cienfuegos, Cuba, 1858-1906). Fue precursora de la poesía intimista femenina y una de las figuras claves del modernismo en Cuba.

Su condición poética principal es la de haber sido precursora de un tipo de poesía femenina, que después se pondría de moda en Juana de Ibarbourou, en María Eugenia Vaz Ferreira, en Gabriela Mistral, donde la mujer expresa la más secreta voz de sus instintos, renunciamientos, apetencias, frustraciones. En esa dimensión su colección de sonetos El último amor de Safo, abunda en esas condiciones que le dan su calidad de precursora de una poesía apasionada, en el núcleo de los instintos. Buscó en los amores mitológicos los símbolos donde su pasión podía cumplirse cabalmente sin disimulos ni limitaciones.
José Lezama Lima en Antología de la poesía cubana (1965)

Mercedes Matamoros

I. Yo


Tengo el color de golondrina oscura;
sombríos los cabellos ondulantes,
y mis ojos ¡tan negros! ¡son diamantes
en cuyas chispas la pasión fulgura!

Es urna de coral y esencia pura
mi boca, en que los besos palpitantes
buscan -cual pajarillos anhelantes-
¡de la tuya el calor y la dulzura!

Mi cuerpo es una sierpe tentadora
y en el mórbido seno se doblega
¡lánguidamente el cuello como un lirio!

¿No es verdad que es tu Safo encantadora?
¡Oh, ven! Y en este amor que a ti me entrega,
¡tú serás el Placer y yo el Delirio!

VII. La orgía

¿Te acuerdas...? Fue una noche deliciosa.
¡Cupido en torno nuestro sonreía,
y en el loco bullicio de la orgía
a tu lado me hallé, tierna y gozosa!

Dulce vino de Chipre, en la preciosa
copa, te dio a libar la mano mía;
con mis trémulos brazos te ceñía
!más que nunca incitante y voluptuosa!

¡Sentí en mi boca un ósculo de fuego!
Después, voluble, con suprema calma
!te fuiste, sin oír mi blando ruego!

Mas del beso fugaz quedó la huella,
¡y aún palpita, encendido, aquí en mi alma,
como en cielo nocturno, ardiente estrella!...

XIX. Al amor carnal

Por tí olvidé -cual flores sin esencia-
ilusiones de bien que fueron mías;
y troqué por culpables alegrías
lo más bello del alma, !la inocencia!

Lleváronse la paz de mi existencia
tus locas noches y revueltos días;
en el fuego mortal de tus orgías
quemó sus níveas alas mi conciencia!

Hollé por tu favor lo más sagrado;
apagué con tu risa el sentimiento;
escondí en tu cinismo mis sonrojoas;

y en cambio, ingrato amor, ¿qué me has dejado?
¡Sombrío, cual la noche, el pensamiento,
inerte el corazón, secos los ojos!

No.26, Enero-Marzo de 2006
No.2, Octubre de 2000

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