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Arique, revista de poesía
Se publica en Cuba, de forma artesanal, 
en edición trimestral limitada de 200 ejemplares desde Julio de 2000.
Regularmente en la web desde octubre de 2005.
Cuba  
Puente de la Concordia, Matanzas, Cuba
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Mabel Diez Ochoa
(Santiago de Cuba, 1968). Es poeta y miembro de la Asociación Hermanos Saíz. Es autora de numerosas obras inéditas.

Mabel Diez Ochoa

Por el río la barca

La barca es una piel en los labios del agua
y lento es el crujir de la madera
bajo el peso milenario.
Su rostro tiene una esbeltez casi secreta
que no muestra,
que no finge umbrales escogidos.

Ella sueña conquistar estanques ambarinos
ser reina de esos flancos hasta alcanzar nitidez
por eso lleva a cuesta el don de decir
que no es carne flácida
mortalmente fría
sino una barca donde la muerte posa de mil formas distintas.

El río no detiene su marcha
y el horizonte es tan solo un agujero
abriendo su boca imperturbable
hacia un alba imposible
pálida de sombras.

No.6, Octubre de 2001

Atardecer en Nicodemus
(A Ernesto)

...Y mientras Licaón preparaba el baño para
Júpiter, Nicodemus soñaba una mujer.

I

Es también una era de cuarzo
que aprisiona mi ermitaño corazón en su inmensa rampa.
Es quizás esta isla infinita
el tiempo que gasto en nombrarte amantísimo juglar
los hondos lunares del naufragio.

II

Así pasas del río a los Sargazos
pero no te concilio en el sueño
no armo pedestales que aquieten tu dureza
porque estoy volviendo al equilibrio
al marco del espejo.
Solo entonces te adivino
como un aprisionante báculo que resuelve mi heredad
con la terca paciencia del levante.

Bajo la sombra del arquero
(A Ernesto)

I

Yo me voy con el arquero
sobre un camino de imprevistas espirales
tentada por un bosque de invisibles atavíos.

Solo el arquero me nombra atardeceres
sin endiosar el arco
y es la quietud de un sueño tan distinto
al fugitivo espanto de las bestias

II

...Secretamente vil suele ser la sangre a veces.

Y me voy
a la clemencia del verso que hizo historia
al color más antiguo de su nombre
eternizado en míticas saetas
voy a jugarme el vértigo en las vasta cenizas de la Diana
(nada quedará salvo mitades)
o el animal que asalta ante el final de la hojarasca.

No.4, Abril de 2001

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