Revista de Poesía
La Habana-Miami
Santiago de Chile
Se publica en Cuba, de
forma artesanal, en edición trimestral limitada de 200
ejemplares desde Julio de 2000.
Regularmente en la web desde octubre de
2005.
Dolly Pagani (Córdoba, Argentina) Poeta y ensayista, Licenciada en Letras Clásicas en la Universidad Nacional de Córdoba. Ha participado como asistente o ponente en Simposios organizados por el Instituto Literario y Cultural Hispánico con sede en California: Montevideo (Uruguay), Asunción (Paraguay), Caracas (Venezuela), Madrid (España).
Invitada como panelista en Mesas Redondas en Feria Internacional del Libro, Buenos Aires, Argentina.
Dolly Pagani
La lluvia y el deseo
Vienen sin convocaciones
el agua y el deseo
surgentes del origen
y encuentran
la boca abierta de la tierra
y un naufragio de rosas
en la sangre
Son designios iniciales
de la luz y de la sombra
el agua y el deseo
Dos sucesos desmedidos
que acontecen
en el límite del ser
y el principio del poema.
De Vecino de Dios
La Mujer
Dios es Padre
pero es también Madre.
Juan Pablo I
Organiza su costado desde el Génesis
Criada
Creada
Criatura creadora
Cintura de sal para ensanchar el mundo
Sacerdotisa de miel
en los pezones
guardando en sus altares
el pan
la hogaza
los cobres invisibles
de la herencia.
Donante extraña.
Antes de nacer le dio su sexo a Dios
para alumbrarnos.
Humana Teogonía de los partos.
El inmigrante
Un rastro a la deriva
de sueño y de salitre
fue el preludio de la marcha
y enormes ojeras de tierra prometida
De un solo golpe
de sangre
o de alas.
La cabeza al frente
como Orfeo
apretando en sus brazos
el cuerpo tembloroso de su patria.
Epopeya sin héroe
pulseando su destino
de azar o de coraje
hasta encontrar el límite
imposible de una playa.
Y el filo de la noche americana
y el pico de los pájaros camperos
se hundió en la tierra
como una asada
como un facón de la labranza
hasta brotar el agua
y bautizar su sueño
bajo el sol de trópicos sedientos
o la blanca soledad
de una estrella congelada.
El plumaje de la pampa
y la bravura
habitaron sus primeras madrugadas
y el acento del país que quedó lejos
se volvió plegaria
se curó de extranjería
y de nostalgia.
Fue creciendo en la piel de nuestro pueblo
y nuestro canto
y a la hora de la cena
o a la hora del gozo o del espanto
se tiende el pan que manos juntas amasaron
simbiosis de temblores ancestrales
en las entrañas
de una sola patria.
De la poesía
Me restituyo.
Esta es mi comarca verdadera.
Que aquí lo eterno es el instante
la infinitud del canto de la piedra.
Lo demás...
imposturas pasajeras.
De todos los mundos entrevistos
de las divinidades ajenas y dispersas
de las rosas entredichas en las venas de mis sueños
necesito el piadosos fulgor de una certeza.
Vidente (por sospecha) de lo oculto
escucho los silencios
de todo lo que dije
y en el quicio de la voz
-la oigo resistir- arde una hoguera.
No quiero violentar las cavaduras
ni desnudar los despojos de la guerra.
Me queda aquí
el poema,
último esplendor de la inocencia.
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