Revista de Poesía
La Habana-Miami
Santiago de Chile
Se publica en Cuba, de
forma artesanal, en edición trimestral limitada de 200
ejemplares desde Julio de 2000.
Regularmente en la web desde octubre de
2005.
Robin Martínez Mesa (Matanzas, 1963)
es poeta y narrador, miembro de la Asociación Hermanos Saíz. Tiene varios poemarios inéditos, entre ellos Símbolos del candelabro y Los brazos del espantapájaros.
Robin Martínez Mesa
Una mujer se desnuda
Si viniera alguien,
no separando las hojas de los libros
ni cambiando el fuego de los sacrificios;
alguien con azafrán en las manos
dando un grito que se escuche en el manglar
mientras los perros retornan gimiendo tristes tristes
mirando el mayor lucero que se cruza.
Las estrellas no tienen precipitaciones
para impulsar las prendas que quedarían en las manos,
el vestido estrenado como la noche negra,
y se intenta soplar al aire, separar las sábanas del lecho
en ese río que arrastra todo, los huesos de otro
en el caminar libre por la habitación.
Rectos desde mis dedos, están sus senos
y siento como copla desde el norte
la brisa que dibuja sombras en la pared
como los llanos ásperos de cinturas malgastadas
en una gruta donde el hombre más valiente
intentó hacer de su cuerpo la piadosa ausencia,
los silbos desde las peñas y la mirada desgranada
que la ven desnuda en grave peso hiriendo la balanza
entre la rama seca y el junco delgado al final del reloj
que me anuncia ser bastón suyo, camino labrado
por donde se andara de regreso a la boca,
el día que estaba lejos, como más eco, más mortal
haciendo signos en la espalda, buscando la blusa
recamada de botones argentados
que han dudado en el caer, y la flor en sus labios
mirando desde el jarrón el trópico que son sus ojos.
VII
No quiero que venga la noche.
Si con trazos ocultos yo la desafío
tiembla acaso al revés. Cito a la madrugada,
al tedio, al desgano,
al silencio impasible del piano de Mozart.
No quiero que venga la noche,
esa rara enemiga
del cuchillo en el flanco tibio.
La primera noche -yo la imaginaba-
despierto al estar despierto como nunca.
soñé con el iris mirando lo eterno.
Yo la imaginaba
y no hubiera mirada más triste,
lo eterno de ser Dios con el amor confundido,
irónico desencanto de buscar la luna
más cerca de siempre, todo en un tal vez.
No quiero que venga la noche,
todas no las entregas cuando te vas,
cuando la luz amenaza y las deja ser
negra o escondida,
no quiero que venga a decapitarme.
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