Revista de poesía  
Revista de Poesía
La Habana-Miami
Santiago de Chile
  Se publica en Cuba, de forma artesanal, en edición trimestral limitada de 200 ejemplares desde Julio de 2000.
Regularmente en la web desde octubre de 2005.

 
Desde la Atenas de Cuba
 
  Puente de la Concordia, Matanzas, Cuba
 
 

José Martí
José Martí (La Habana, 1853-1895) es el Apóstol de la independencia de Cuba pero también uno de los más altos exponentes de la poesía hispanoamericana.

Pocos escritores han alcanzado la luminosidad de Martí. Su paleta es muy abundante, su prosa lo mismo se arremolina en la mayor riqueza, que adquiere tonos de sobriedad y nitidez incomparables. Desde los grandes momentos oratorios, hasta la precisión que adquiere en su Diario, escrito meses antes de su muerte, se muestra en ambos estilos como un verdadero maestro (...) Como orador, Martí ocupa lugar aparte en los fastos de la elocuencia española. Nada de fáciles melopeas castelarinas, su lenguaje es el de la pasión. Así pudo conmover, exaltar, apasionar, hasta provocar de nuevo la revolución. Los que lo oyeron, lo recuerdan como un espectáculo único.

La raíz de los Versos Sencillos está en antiguas y perdurables maneras expresivas de lo popular. Se han señalado numerosos romances españoles y coplas sudamericanas, que tienen alguna semejanza con los Versos Sencillos. Eso se debe a que Martí poseía una de las más grandes intuiciones que han existido en nuestro idioma para llevar la palabra a su plenitud. Las formas y estilos que había alcanzado esa palabra, eran dominadas a cabalidad por él. La fuerza pura y plena del verbo, la había captado desde su raíz. Ese fue su gran aporte a la poesía y a la prosa. Por eso inauguró nuevas formas de expresión.
En los Versos Libres, se adelanta a la poesía del porvenir, con una expresión libre, inaugural, fuerte. Sin duda, es el más grande creador que hemos tenido, es también el poeta de obra más honda y bella, más eterno.
José Lezama Lima sobre Martí en Antología de la Poesía Cubana (1965)

 

José Martí

Homagno

Homagno sin ventura
la hirsuta y retostada cabellera
con sus pálidas manos se mesaba.
“Máscara soy, mentira soy, decía;
estas carnes y formas, estas barbas
y rostro, estas memorias de la bestia,
que como silla a lomo de caballo
sobre el alma oprimida echan y ajustan,
por el rayo de luz que el alma mía
en la sombra entrevé,-¡no son Homagno!

Mis ojos, los mis caros ojos,
que me revelan mi disfraz, son míos.
Queman, me queman, nunca duermen, oran,
y en mi rostro los siento y en el cielo,
y le cuentan de mí, y a mí dél cuentan.
¿Por qué, por qué, para cargar en ellos
un grano ruin de alpiste mal trojado
talló el Creador mis colosales hombros?
Ando, pregunto, ruinas y cimientos
vuelco y sacudo; a sorbos delirantes
en la Creación, la madre de mil pechos,
las fuentes todas de la vida aspiro.

Con demencia amorosa su invisible
cabeza con las secas manos mías
acaricio y destrenzo; por la tierra
me tiendo compungido, y los confusos
pies, con mi llanto baño y con mis besos,
y en medio de la noche, palpitante,
con mis voraces ojos en el cráneo
y en sus órbitas anchas encendidos,
trémulo, en mí plegado, hambriento espero
por si al próximo sol respuestas vienen.
Y a cada nueva luz, de igual enjuto
modo y ruin, la vida me aparece,
como gota de leche que en cansado
pezón, al terco ordeño, titubea,
como carga de hormiga, como taza
de agua añeja en la jaula de un jilguero.”
¡De mordidas y rotas, ramos de uvas
estrujadas y negras, las ardientes
manos del triste Homagno parecían!

Y la tierra en silencio, y una hermosa
voz de mi corazón, me contestaron.

En torno al mármol rojo...

En  torno  al  mármol  rojo  en  donde  duerme 
El  corso  vil,  el  Bonaparte  infame, 
Como  manos  que  acusan,  como  lívidas, 
Desgreñadas  crenchas,  las  banderas 
De  tanto  pueblo  mutilado  y  roto 
En  pedazos  he  visto,  ensangrentadas! 
Bandera  fue  también  el  alma  mía 
Abierta  al  claro  sol  y  al  aire  alegre 
En  una  asta,  derecha  como  un  pino.- 
La  vieron  y  la  odiaron,  gerifaltes 
Pusieron,  y  celosa  halconería  a  abatirla  echaron, 
A  traer  el  fleco  de  oro  entre  sus  picos: 
¡Oh!  Mucho  halcón  del  cielo  azul  ha  vuelto 
Con  un  jirón  de  mi  alma  entre  sus  garras. 
Y  ¡sus!  yo  a  izarla-y  ¡sus!  con  piedra  y  palo 
Las  gentes  a  arriarla,  y  ¡sus!  el  pino 
Como  en  fuga  alargábase  hasta  el  cielo 
¡Y  por  él  mi  bandera  blanca  entraba!
¡Mas  tras  el!a  la gente,  pino  arriba, 
Este  el hacha,  ése  daga,  aquél  ponzoña, 
Negro  el aire  en  redor,  negras  las  nubes, 
Ahí  donde  los  astros  son  robustos 
Pinos  de  luz,  allí  donde  en  fragantes 
Lagos  de  leche  van  cisnes  azules, 
Donde  el alma  entra  a flor,  donde  palpitan, 
Susurran,  y echan  a volar  las  rosas, 
Allí,  donde  hay  amor,  allí  en  las  aspas 
Mismas  de  las  estrellas  me  embistieron!- 
Por  Dios,  que  aún  se ve  el asta:  mas  tan  rota 
Ya  la bandera  está,  que  no  hay  ninguna 
Tan  rota  y sin  ventura  como  ella 
En  las que  adornan  la apagada  cripta 
¡Donde  en  su  rojo  féretro  sus  puños 
Roe  despierto  el Bonaparte  infame!-

De Versos Libres,
escritos entre 1878 y 1882

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