Revista de Poesía
La Habana-Miami
Santiago de Chile
Se publica en Cuba, de
forma artesanal, en edición trimestral limitada de 200
ejemplares desde Julio de 2000.
Regularmente en la web desde octubre de
2005.
Luis Marimón (1951-1995) Nació en La Habana pero fue en Matanzas donde vivió la mayor parte de su vida y se constituyó en el prototipo del poeta bohemio, rebelde y desordenado cuyo recuerdo es hoy una leyenda en el ambiente literario local. En vida sólo publicó dos poemarios: La decisión de Ulises y El bibliotecario del Infierno, pero dejó inéditos al morir otros nueve. En lo literario su figura no ha sido suficientemente reconocida, pese a los merecimientos de su obra y a la trascendencia de su huella poética, emblemática de toda una generación.
Las razones de la exclusión de Marimón del canon poético al uso hay que buscarlas en el carácter marginal y bohemio de su trayectoria. Bebedor empedernido, protagonizó más de un escandaloso incidente en la provinciana y pequeña ciudad de Matanzas. Viviendo en La Marina, uno de los barrios más pobres, era compañero de los desclasados, crítico de la política oficial según unos, colaborador según otros, inmerso siempre en la contradicción, pero siempre humano, amigo de quienes le seguían y lo consideraban parte de la ciudad.
En la década del noventa emigra a Estados Unidos. En 1995 está en Las Vegas, llenándose de casinos y alcohol. Ya en su Isla había protagonizado algún que otro intento de suicidio, cortándose las venas. Ahora se bebe hasta el fondo, de un tirón, una botella entera de wiskhy o ron para ganar una apuesta, pero su agotado corazón no soporta más y se detiene. Algunos lo consideran un suicidio, una manera distinta de matarse. Como fuere, el poeta vivió siempre en una apuesta interminable con la muerte.
Marimón no es el poeta de la transparencia, viaja entre los versos con sus vicios bajo las riendas crueles de la eternidad. Se acerca con sus imperfecciones a esa pureza brutal, casi mágica, entre los versos de los poetas trascendentes. Vierte en sus mundos la metáfora. (...)En esa mutación severa, rodeado de fantasmas y personajes marginales, muy lejanos a la caricatura o el despilfarro de símbolos reiterados, se funden, un tiempo y un paisaje que pertenecen al verdadero andar del hombre. Abel G. Fagundo, La decisión de Ulsises. Comentarios en retorno
Luis Marimón, es quizá el último heredero de esa rara estirpe de poetas que forman una leyenda. René Suárez
Luis Marimón
Los sueños perdidos
En los mohosas muros de la ciudad en ruinas
casi tan verde eres, amor, como esa lagartija
que desde lo alto del templo
por la garganta saca el corazón.
Tu estás desnuda,
todo profundidad los ojos
mientas un perro ciego lame la sangre
que baja semejando una,
púrpura cascada por tus muslos dorados.
Mundo extraño éste donde las palabras
no significan nada.
El sueño nos cubre con esa mano amiga que en la calle
nos convulsiona el hombro,
criaturas de Dios,
vagos mensajesque llegan a contraeco
desde la gruta
perdida en los cielos.
En los sueños, total, está la historia,
no la de batallas y heroísmos,
sino la de infamia y la navaja,
la cronología del náufrago y el vértigo.
En tan complicado laberinto,
el ya casi exhausto río del olvido arrastra
sirenas, títeres y tigres
que miran como a través de un cristal
lo menos imaginado.
Aquí el silencio siempre se arrepiente;
queremos recordar la encrucijada,
los túmulos de donde brotan todas las mariposas,
con las alas de piedra, agrietadas.
Suerte de hechicería, descubrir la ciudad en ruinas,
la que nos protegió de aquella lluvia universal
de azufre.
De aquí a poco veremos el último pájaro cruzar los cielos,
lo que vimos del mundo ya no será cierto.
(Sin título en el original)
Esta noche talaremos el árbol que nos marcó de niños
con ese sello horrible que nos marca la frente,
esta noche dudaremos de todo: la luna ya no existe.
Bebimos en el agreste manantial de la serpiente
y el hambre era un incendio, indescifrable maravilla
bajando hacia ese lugar
donde se agazapa el alarido
y desde nuestro despertar huele a sangre y a martirio.
Sueños perdidos, libros por el gran Diablo sellados,
clarificados tan solo por el Gran Vacío,
comarca por la que siempre hemos transitado,
lugar donde el Sur puede estar confundido con el Norte.
Sorprendente es esa larva laboriosa
que teje desmesuradamente sus redes de artificios,
que nos perfora el cerebro como una naranja que se pudre;
constante, allí, el crepúsculo puede ser
y ya es casi la aurora.
Pero yo amo ése, el reiterado sueño donde te veo brotar de las raíces,
ese rostro de hermosa maldad que tanto he deseado,
esa lengua con olor a hembra y sabor a muerte
donde yo solo no he sido el náufrago.
¿Qué rudimentos de un bárbaro lenguaje,
extraviado en la inmensidad del tiempo,
nos quiere decir, explicar algo?
Gota de agua lenta
cayendo un millón de años sobre la piedra muda.
Si respiro, me pudro; si hago un gesto
sabrán que he sobrevivido a la tragedia,
que he llegado al final sin identidad posible.
Sueños: únicos parásitos con los que por todo equipaje
viene el hombre,
esperanza del que es un paria y anda triste,
juego delirante donde los que se fueron siguen soñando,
habitando un planeta de niebla,
latiendo en una ancestral y oscura narración,
besando unos labios como se besa el agua que transcurre el tiempo.
Vaciedades como si por las venas solo corriera polvo
y la sangre fuera un recordado murmurío.
Los hombres que suenan se encuentran en peligro
o en cada sueño se aprestan a cometer un crimen.
Desde un sitio desconocido, algo nos extermina,
algo sin fundamento y con todo el fundamento del universo y de la vida,
algo que nos transmuta, que nos hace ver de lejos algo odioso,
algo infame que de cerca somos nosotros mismos.
Cuando un niño sueña por primera vez,
ya es póstumo.
Mutaciones de un silogismo
Te hallé: más desolladura que esperanza
cuando en la insólita infancia veías la luna como un trapo sucio.
Vi a tu corazón nacerle crepúsculo con un crujido,
que aún huele a sangre y a hojarasca.
He aquí yo descubro en ti
ese linaje múltiple
que hace el tiempo más justo.
Tu humedad sideral sube a mi cuerpo,
como esas ciegas aguas que nunca vieron el sol;
enmudecidas,¡que ya están muriendo
en el ahogo vacío de las cuevas!
La revelación, atroz paz del vacío
por eso mis resecos huesos
al lado de las últimas brasas perciben
las manos de los espíritus
que viven en mi conciencia.
Los carbones cubiertos de ceniza,
buscan mi oscuridad en el rincón más apartado.
Yo estoy pariendo mis sueños con la augusta
serenidad de los que nacen póstumos.
Cierro los ojos, vuélvome hacia dentro
y allí soy el profundo manantial.
sin saber qué hacer con tanta agua.
Un fervor minucioso recorre los concéntricos
cráneos que en su almagre de sangre
los hombres venidos de la piedra dejaron.
Chocan, se entremezclan, abovedan mis pasos
sobre la tierra prometida donde se convulsionan
los gritos y la garrapatas que todo tiempo arrastra
y los montículos formados por las heces
de los murciélagos.
Todo me hace pensar que existe todavía
la espuma del mar tal como era
ya que nada, al final, sigue perdurando lo mismo.
Todo en mi fue de magia.
Mis crímenes, un sueño.
Por eso, cuando me hablas,
veo praderas cálidas en las que el universo,
total, se simplifica
en esas remotas arboledas que giran sin definir sus rasgos,
que tornan sin saber que se fueron
a beber de la niebla antigua que nace en las orillas de los ríos.
Voces cumulativas de silencio,
palabras que no bastan para expresar
ni siquiera una serie de sonidos cósmicos.
El corazón del mar huele a salitre.
El mago, en mayo, no era
o quizás sí era y era también el tiempo
cuando cubría con su amarillo vellón las amapolas
y en el frenesí de los aires
veía surgir entre la niebla los caballos salvajes
que una vez se llevaron toda la pureza del alma humana.
En las soportables mutaciones de esos días,
la hondura se hizo más perfecta
y ya era el incendio que detrás de la montaña
el meteoro, como un cordero en su caída, ramonea.
Apresando unicornios y sirenas más allá de sus córneas,
neutro como la sombra cruel que desde abajo llega,
un oscuro ídolo que encontró en la arena
le dijo: eres disolución
mutación
y castración,
el profeta
por todos esperado,
como las ruinas de algo y el mundo,
como una coincidencia,
el hombre crudo,
otra vez por el demonio cocinado.
De Shalom Shabbath (inédito)
Relación (fragmentos)
Esta es la relación de lo que antaño fue en Nuevo Mundo
y de lo que aún sobrevive
como las noches de luna y el canto d elos ríos en las cañadas.
Canta y gime la noche
y las estrellas
racimos de frutos encendidos colgando, allá abajo,
se desgranan maduros,
confundiéndose con los cocuyos y las luces lejanas
de la aurora.
Con su furia acostumbrada añoraron los hirientes cuernos de la luna
y se hincha, como el toldo bajo el cual vendían pescado
y que se llevó un día tormentoso.
Todo fue como rocío sobre la hierba
o las primeras campanas doblando en lo alto de los campanarios
-construidos con las piedras d elos teocallis de Quetzcoalt y Hulzllopoctil-.
Como las flores que crecieron dentro de los cráneos después de las batallas
y buscando la luz
irrumpieron por las cuencas vacías como lágrimas olorosas de la naturaleza,
o aquel Gonzalo Guerrero
que no quiso regresar a España
por tener horadadas las orejas y tres hijitos muy bonitos,
o al hombre al que un cocodrilo le arrancó a su hijo a la orilla
del río
y el peruano se fue tras él
hasta que después de una batalla donde se le derramaron al animal las entrañas como
planetas,
dejé en la orilla su fruto, mas ya muerto.
Como todo aquello que refirieron las crónicas de la Nueva España
o Perú, o Guatemala, o Venezuela, o Cuba.
Es hermosa la luna.
Muy hermosa.
Y se confunden en las oscuras celdas del inmenso panal de la memoria,
los siglos, el efluvio de mayo y los mares
de tanta sangre, confundidos.
Todo fue como verdura de las eras,
o las lebrelas que se encontraron perdidas
-según noticias de Bernal Díaz-,
o Malitzin.
Como aquellos ojos de Moctezuma -tristes-
encontrándose con los de Cortés en la calzada que llevaba a México -Tenochtitlan,
de su dulzura, de su cárcel, de su muerte.
Palacios, templos, casas y jardines.
De todo aquello quedan sólo las crónicas
y las ruinas.
Relaciones de lo que antaño fue en este Nuevo Mundo,
como los Códices,
Códice Durán, Florentino, Borgia, Mendoza.
Y el Popol Vuh, el Memorial de Sololá
y el Libro de los Libros de Chilam Balam.
Pero es hermoso el universo.
Terriblemente hermoso.
(…)
Y queda la muerte,
la muerte de mis hermanos bajo la noche que entra por mis ojos
y hace nidos de dolor y de luna en mi sangre.
Porque quizás he llegado tarde
y no me quejo.
No me quejo pues de todo lo que fue y de lo que incluso, es, no queda nada.
Sólo el futuro.
Lo demás, las centurias y los conquistadores,
se lo llevaron…
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