Revista de Poesía
La Habana-Miami
Santiago de Chile
Se publica en Cuba, de
forma artesanal, en edición trimestral limitada de 200
ejemplares desde Julio de 2000.
Regularmente en la web desde octubre de
2005.
Leonor Marichal Toledo
(Santo Domingo, Villa Clara, 1949) Poeta. Ha obtenido premios y reconocimientos en Cuba y el extranjero. Textos suyos aparecen en las antologías Puntos cardinales y Reino de papel. Reside en Estados Unidos.
Leonor Marichal Toledo
A plena luz
Alguien festeja lo que ama.
el sordo lamenta su océano
el ciego su eclipse
al mudo no le es dable
bendecir o maldecir lo que le toca.
El que ama es el ciego el sordo el mudo
mendigo a la puerta de su templo
calibrando los centavos
por la moneda más fuerte.
Lo amado se libera de su embozo
yo disfruto el amasijo de carencias
magnífico festín para los cuervos.
Tú disfrutas al ver danzar mi alma
despojada del sórdido traje de miserias.
Saludo a la gente que en soledad se encumbra
libertad es el trayecto hacia la calma
llenando los espacios.
Al descifrar qué es lo más duro
entre vivir las culpas de la bestia
o compartir el tremedal que enclaustra
prefiero el ritmo acompasado de mí misma
a un fervor sin riendas que despueble y permita
volar mi identidad
ese misterio ese creerme fortaleza
tras la resurrección de mi primera muerte.
Regresos
Soy la mujer del pescador.
Hice un hato con las cosas deseadas
y las puse en su morral.
El pescador salía amaneciendo
regresaba con las manos llenas,
ponía delante de mis pies la carga
y los sueños saltaban en el piso.
Yo reías al ver los estertores
sin darme cuenta
A menudo los peces
desovan y pernoctan donde no te imaginas
o tiramos la red
en lugares mínimos.
El pescador ahora sale amaneciendo
y regresa
con las manos vacías.
Amenaza
Está cayendo la ciudad
la mujer cae
y rueda con la ciudad al fondo.
La amenaza corre junto a ella
es sombra al amparo de otra sombra
y teme anudar sino desata
o decir un rosario ante un tajo en el cuello.
Como el viento del sur llega de pronto
así tiembla de furor y calla.
Los esclavos van trenzando
absortos silenciosos hacen puentes
con la esperanza de una metamorfosis
o de que exista algún adagio de vaga compasión...
Alguien llega
corta lianas y troncos y los nudos.
Entonces cae al agua
es una ninfa
dialogando con los mudos peces.
espera con la muerte de este siglo
todo lo oculto se haga manifiesto.
Y aunque el crimen es de sus hermanos
no la ampara el derecho de la sangre.
Mientras tanto
está cayendo la ciudad...
Olvidos
Viajo desandando amores
que se agolpan en el pecho
y ese recuerdo deshecho
colma mi piel de dolores;
llevo en el cuerpo tambores
que a la memoria traen guerra,
aunque la razón se aferra
en olvidar, no consigo
desandarte, vas conmigo
porque tu piel fue mi tierra.
Y lucho con el pasado,
pues la existencia no es vida
para aquel que nunca olvida
un amor que lo ha olvidado.
Sueño con verte a mi lado,
porque olvidé el olvidarte,
y este amor, que por amarte,
se desnuda de su orgullo,
es cada día más tuyo
y no olvida el adorarte.
Entrega insólita
Danzaré toda adornada
con guirnaldas de colores,
llevaré en el pelo flores
cayendo como cascada,
y con mi piel ataviada
me presentaré ante el mar,
para saber si el amar
puede someter la vida.
Sólo quiero estar vestida
con pétalos de azahar.
Colgaré de mi cintura
todo el amor que te entrego,
será un ecuador de fuego
donde baila la dulzura;
yo buscaré tu figura,
que para mí siempre es poca,
y nadaré hasta la roca
que desdibuja tu cama,
para que en la ardiente llama
me desvistas con tu boca.
Anatomia de una difunta
Te doy lo que represento:
Una nube pasajera,
una sombra que, viajera,
tiene de sostèn al viento.
Un vacío firmamento
que exhibe una luna helada,
escarchas de madrugada
para adornar el paisaje;
en fin, te doy el pasaje
a la sombra de la nada.
Un orfebre va tallando,
como de cristal lo viste,
porque sòlo hielo existe
y de a poco va trenzando
con soledad, y danzando
la sombra que represento
con humo, neblina y viento
resulta niebla intangible.
Tengo un pasaje posible
a esta nada sin aliento.
Caracola
Yo soy una caracola
que no sale de sus mares,
pues no quiero ver la luna
por cómplice del desastre.
El amor llega callado,
nos promete ser durable
y cabalgamos al cielo
sobre corceles volantes
cegados ante la luz
que nos ofrece su ángel.
Necesitamos los besos,
las caricias, talismanes,
que se convierten en fuego,
que se transforman en aire,
haciendo de nuestras vidas
amasijos de cristales.
Y aunque soy la caracola
que no sale de sus mares
sé de amores que hacen daño,
también de amores fugaces,
Algunos llevan traiciones
con el veneno de un áspid,
Y si florecen, marchitan
cuando marchita a carne.
No quiero ser prisionera
en la estrechez de esa cárcel,
para recoger migajas
en medio de lodazales.
No miraré ni un momento
la luna, maga incansable,
que a veces se muestra toda,
hace que hierva la sangre
y después se va escondiendo,
arrepentida y cobarde,
por ser la mejor amiga
y cómplice del desastre.
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