Revista de Poesía
La Habana-Miami
Santiago de Chile
Se publica en Cuba, de
forma artesanal, en edición trimestral limitada de 200
ejemplares desde Julio de 2000.
Regularmente en la web desde octubre de
2005.
Luis Mario (La Habana, Cuba, 1935).
Profesor de Periodismo de la Universidad de Miami y Jefe de Redacción del diario Las Américas durante años. Académico de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Miembro fundador del PEN Club del Exilio Cubano. Ha publicado trece libros, siete en verso y seis en prosa, entre los que se destaca Ciencia y arte del verso castellano, un tratado sobre versificación de más de 500 páginas, que va por la segunda edición.
Luis Mario
Soy
Si mis aguas se enturbian, sólo ella
percibe transparencias en mis aguas.
Soy su pez volador, su flor de espliego,
su perenne latido de esperanza;
su soldado de plomo, al que se aferran
sus bélicas tareas cotidianas.
Soy el cachorro de sus inquietudes,
la mascota que es dueña de su casa;
su techo en el fragor de la tormenta,
objetivo final de su atalaya.
Soy el árbol sin frutos de su carne,
su tronco, sus raíces y sus ramas;
su comunión en sábados de iglesia,
su domingo perpetuo en la semana.
Soy su equilibrio, su bastón, su reto,
su espuria imperfección idealizada;
su terca persistencia en la andadura,
el pedazo gemelo de su alma.
Ya lo dije una vez, y lo repito:
esta mujer me ama.
Manos vitales
Tus manos, adiestradas para enjugar el llanto,
en cada cosa ponen su prestigio y su encanto.
Ligeras como el sobrio saludo mañanero,
tienen la sutileza nostálgica de enero.
Tus manos musicales, con olor a verano,
olvidan los recursos generosos del piano.
Cuando al marfil se enredan con avidez de notas
sobre teclas de espuma hay hambre de gaviotas.
Tus manos colonizan mis montes y mis llanos,
porque en mis litorales hay huellas de tus manos.
Manos confeccionadas con residuos de flores,
saben causar delicias y mitigar dolores.
Tus manos, impacientes obreras laboriosas,
poseen la virtud de ennoblecer las cosas.
Cuando el tiempo coloque su fardo en nuestros hombros
y nos lleve al reclamo de los propios escombros,
no quisiera más gloria -al mirar sin ver nada-
que tus manos marchitas me cierren la mirada.
Y será el mayor triunfo, de mis triunfos humanos,
llevarme la caricia postrera de tus manos.
Érase un corazón
...y el corazón de un hombre, en ocasiones,
es un pan desertor de las espigas.
Si como jinete hurta kilómetros,
como potro nació para la brida.
Sobrevive de fantasmas y sueños,
y es pescador de novedosas rutinas.
Puede ser un dechado de absurdos exteriores
y a la vez un compendio de mansedumbres íntimas.
Cuando se ríe de sí mismo
puede acabar burlándose de su propia risa.
...y el corazón de un hombre sin su tierra,
es un vacío sobre los zapatos
para rodar por noches sin estrellas.
Es un espejo abandonado por la luz
que retrata la nada de una queja.
Es el no redondeado en cada esquina
de clausuradas verjas.
Es el necio que busca claridades
tras unas gafas
irremediablemente negras.
...y el corazón de un hombre... ¿he de decir el mío?,
es un millonario-vagabundo.
Lo sabe la mujer
que diariamente riega mis arbustos.
La que ha bañado con su sonrisa
la dudosa alabanza de mis escasos triunfos,
y también la que en horas oscuras
ha llorado mis lutos.
-Gracias a ti, mujer, voy acorazonado
en la anchura estrecha de mi frágil mundo,
pero creciendo en otro corazón
de otoño sin escarchas,
con brújula y velamen, que es el tuyo.
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