Revista de Poesía
La Habana-Miami
Santiago de Chile
Se publica en Cuba, de
forma artesanal, en edición trimestral limitada de 200
ejemplares desde Julio de 2000.
Regularmente en la web desde octubre de
2005.
Teresita Herrera-Muiña.
Poeta cubana cuyos trabajos han aparecido en publicaciones dentro y fuera de la isla, reside actualmente en Estados Unidos.
Teresita Herrera-Muiña
Llamado de Eva y su ritual
Miércoles 26 de Julio de 2006
Eva, el pie ligero se desliza por los vericuetos de la ciudad; ansiosa, acaricia las esquinas buscando una alegoría, un símbolo que descorra los velos que cierran el abismo de un espejo donde teme volver los ojos; donde sabe Eva que habrá de naufragar.
Eva, sin sosiego, desteje la madeja que cubre los secretos, las recondideces donde se alterna uno y otro rostro en dualidad borrascosa. ¿Qué soy, lámpara o trofeo? Eva sin manecillas reduce el tiempo a un minuto, a un solo momento que vierte en el llamado; esparce incienso en su santuario, ajusta todas las brújulas del mundo. ¿Mas dónde el camino?
Desciende Eva los costurones de la siquis, país de brumas donde no encuentra el paisaje real; ignorando la cara que se esconde atisba el frágil tamiz del no ser y el yo. Como temblorosa niña recorre el mapa de la incertidumbre, ahonda valles y océanos del alma sin hallar la piedra filosofal. De identidad movediza se satura Eva pero esquiva el reto, teme asomarse a la pulida superficie que yace al final de la conciencia porque se reflejara la verdadera imagen. ¿Dónde en verdad aguarda la rosa de los vientos?
Eva oficia su ritual, el acosante llamado que no sabe el por qué; no conoce los mitos griegos mas intuye en los entretelones del ser golpecitos como si fuera a despertar. Eva cierra los ojos a la poderosa marea que la abruma, hace un signo con la mano pero se impone el ser vencida. Como trueno, impulsando sus pasos Eva entra en el espejo. Eva y su llamado, Eva y su ritual…
Las avutardas de la Señora Abadesa
Viernes 8 de abril de 2005
Sentada en su poltrona, con su índice apuntando al cielo, la señora Abadesa rige las vidas y las posesiones espirituales y materiales de todos sus siervos. Con su voz sinuosa y alarmante por engañosa, trata de convencer a sus esclavos y a cuantos viajeros por aquella tierra cruzan, de sus bondadosas y caritativas felonías. Para lograr la docilidad impuesta, la bien alimentada y bien servida señora Abadesa, se nutre de un ejército de avuturdas que acechan cada grupo de aquellos que intentan cambiar el juego; con diabólicos ojillos a semejanza de su ama y señora, horodan las paredes, penetran por el chacro frontal en busca de ideas. Las ideas, ese tenebroso enemigo de la señora Abadesa. ¿Qué piensan realmente las avaturdadas?, ¿de veras son tan incondicionales?
Con sistemáticos movimientos entrecruzan sus secretos en regulares confabulaciones. A mayores falacias, piensan las avutardas, mayor confiabilidad de la opulenta Abadesa.
Pero subterráneamente, entre muchas avutardas, hay un intercambio oculto de graznidos. Entre los siervos, se empiezan a descubrir pequeñas señales, variaciones de la voz acostumbrada, como si articularan un lenguaje diferente. Todavía con su índice apuntando al cielo, en su poltrona sentada la señora Abadesa, continuamente se empecina y dice no a los signos de los tiempos.
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