Revista de poesía  
Revista de Poesía
La Habana-Miami
Santiago de Chile
  Se publica en Cuba, de forma artesanal, en edición trimestral limitada de 200 ejemplares desde Julio de 2000.
Regularmente en la web desde octubre de 2005.

 
Desde la Atenas de Cuba
 
  Puente de la Concordia, Matanzas, Cuba
 
 
Miladis Hernández Acosta
Miladis Hernández Acosta
(Guantánamo, 1968) Es autora de los poemarios Memoria del abismo y Al sur de los páramos. En 2002 le fue publicada una selección de sus poemas por el Frente de Afirmación Hispanista, A.C., en México.

Miladis Hernández Acosta

Plegaria de los arrecifes

Subo a la roca
donde lo he visto todo
o casi todo (desde esta puerta donde nada me ampara).
Olfateo la epilepsia del océano
lejanía descarriando los cueros
desde este acantilado de mentiras
desde el sardónico reino de caracoles guturales
donde me tiño el cuerpo
con treinta abriles de ceniza
y postillosos recuerdos.
La vida lastra
la suspicacia de los gorriones
esquelética sombra
que ignora el espolón del universo
éter de la voz
que desmenuza los atávicos luceros
el grito puntiagudo que se despeñe
en la cutánea lengua del abismo
que traga las deprimentes muecas
de los transeúntes
mansedumbre cortada en los maderos de la neblina.
Qué levedad la de esta fálica luz.
Hoy por hoy
y mañana por mañana
qué esperanza recojo frente a la malicie del suicida
que me obliga a cambiar
el espino por la oración
la sangre por el agua
el perdón a las ratas que me vigilan
que me ven desnudarme
frente a las abismáticas tenazas
como otro gusano alargándose
en la opuesta mirada del que levanta las tumbas
ojos que no divisan
los rituales de Dios
realizándose como un hombre
subo al púlpito mugriento de las lamentaciones
al talud de la casa vigilada por lobos infernales
pernocto el cadalso de seguirme
de estar crucificado por este abismo
donde toco sus clavos.
Todo silencio es un camino que desvirga los collares del reloj.
Todo silencio es una pesadilla
que te arranca las resinas del llanto.
Y tú gritas desde el tumulto abismático
quitándole el maná al propio Dios
que en el principio del Holocausto te expulsó de su jauría
para luego espiar el rumbo de mi esqueleto cortante.
Irreverente ante el peligro
recreo la tosudez de la penumbra
desbruñido en el hórrido sol
en las huesosas greñas donde aprendí a ser el estúpido
que dilata las pupilas en los espejos
agonizando en la cincelada costumbre
de ser la ancianidad del presente
Hossana mundanal del ladrón
que desampara a otro ladrón
tantea los suburbios
cavilando la victoria la media sombra.
Intuyo desaparecer en la madrugada herbosa
con el poema cursi de amor
insondable para mi agonía.
Hoy agradezco otro día Señor
diría el danzante en su macrobio
alimentándose del animalejo
que raja el malestar existencial
la memoria erizada en la cisterna de plomo
desaguada como un feto abortado en la hierba
en la paradoja de la inmovilidad.
Y escribo otro libro culpable.

De Memoria del abismo

Quijote

Desde el sueño ve al gigante
que tiende a cortar la pálida ceniza,
al barro bendice su victoria,
perdura la selva despojada y su dura suerte
el viento gira y sus horas gloriosas
apenas caen con el brillo de la hazaña,
yace el hombre y la lanza se ha partido
perdiendo el confín de sus llanuras
no así los últimos rayos del sol que te empujan
y dirás que fue el viento y sus molinos.

1991

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