Revista de Poesía
La Habana-Miami
Santiago de Chile
Se publica en Cuba, de
forma artesanal, en edición trimestral limitada de 200
ejemplares desde Julio de 2000.
Regularmente en la web desde octubre de
2005.
Abel González Fagundo (1973). Poeta y miembro de grupos literarios en la localidad de Jagüey Grande, Matanzas. En 1991 se publicó su plaquete El sitio de las memorias (Ediciones Matanzas, Matanzas, 1991) y más adelante Golpes de Dios (Ediciones Vigía, Matanzas, 1999). Dirige la revista artístico-literaria Vista Alegre.
Abel González Fagundo
Al borde
Vivir al borde del abismo,
sin dinero, sin papeles de honor,
sin manecillas lentas,
vivir aquí y ahora
sin escrutinios filosóficos ni sombras de servicio,
Vivir, sólo ese acto
de lavarse los ojos con el agua de Dios,
de mirar la mañana húmeda que nace
y preguntarse que milagro ocurrió
para que siga latiendo mi corazón,
aquí, sobre una isla
que ha estado siempre ha punto de estallar,
en el centro de un mundo
que para nosotros es una extraña metáfora,
una lejana libertad del eco que no vuelve.
Las hormigas coloradas
.. y el estrépito devastador
de las enormes hormigas coloradas
Gabriel G. Márquez
Aquí está la masa,
se mueve en su rebaño doloroso
sobre las carreteras y ciudades.
Soy otra cabeza entre miles de cabezas,
escribo falsos pergaminos,
entre mis piernas escondo la cola de cerdo.
Yo también padezco la ceguera de Melquíades,
el infortunio del encierro,
y no tendré que esperar por todo un siglo,
las hormigas coloradas
ya se comieron a mi generación.
El Aprendiz
Hay hombres que cruzan,
se afanan contra el mar y sobreviven a sus mitos.
Otros que desconciertan
con su manera de hacer alas,
su libertad, la historia prohibida de los genios.
Yo sólo navego lentamente
en las brutales aguas,
aguardo entre murmullos
bajo las risas del sabio navegante
el viento que destruya mi barca,
la tormenta
Los porteros
Una cerca, otra cerca,
un mundo de cercas y porteros.
Más me intimidad los porteros,
son prolongaciones armadas del concepto,
que a diferencia del alambre
o del muro,
no se limitan sólo
a irrumpir sobre el paso deteniéndolo,
también persiguen, violentan,
condenan el intento de caminar.
Sucede con estos porteros,
que además de vivir
rodeados de llaves y de muros,
cargan con uno dentro.
Modos de morir
Sobre la tierra negra quedó
la estela roja.
José. M. Poveda
En el surco
el labrador acude a su existencia,
es sólo un rostro tenue
una felicidad imprecisa.
Todo el destino
habita en sus semillas,
el reino,
la armonía.
Lo enterrarán al pie de la arboleda
junto a la mala hierva.
No iremos a su entierro,
en la ensalada de las tardes
hemos comido poco a poco su cadáver.
El viejo poeta
El viejo poeta
moja sus labios en alcohol,
acomoda la bolchevique,
ese último recuerdo que ha sobrevivido
a todas las traiciones, a los mares,
al hambre impertinente
que se niega a cobijarse en otra parte.
En el bar los rostros son nuevos,
y aunque de ves en cuando
alguien a lo lejos insinúa un saludo,
ya nadie le propone un trago,
nadie llega a consolar su sed,
como antes,
cuando tenía espacio en las revistas,
cuando las botas
del poder lo mimaban.
El viejo poeta escribe, en avalanchas,
como si del acto de dibujar sonidos
dependiera abrir sus grandes ojos
la mañana siguiente, ya nada le asusta,
insiste en permanecer contra el olvido,
pese a las sombras permanecer,
pese a la muerte,
esa línea difícil que inclina el verso.
Memorias de una tierra que habitara mi sangre
Yo seré el padre
y el hijo
y otra vez el padre
y otra vez el humo de mármol
que hiere las cerraduras
con sus filos de
cielo estropeado.
Yo seré la estrofa de un rayo
que cae sobre los mares
y muere en los espacios
que ha dejado un pianista
entre las noches y los árboles.
Yo seré un poco de trigo
que vuela por los codos
de las ventanas
y sale de los huecos
arrojando sangre por los tobillos
como los fantasmas
de la muchedumbre.
Yo seré el padre
y el hijo de los muros
que dividen el cuerpo
con sus piedras congeladas.
Yo seré el padre y el hijo
de las tierras húmedas
que arrastran los ríos
y seré el águila.
De El sitio de las memorias
Guiones en la escena
He reventado una máscara y tu risa ha surgido
como una boca nueva.
J.P. Duprey
El dramaturgo
se propone un clímax denso,
quiere corderos, conejillos, madres que paren bestias,
hijos que fornican entre sí.
mata al adolescente
con su historieta del amor,
para el anciano ciego
el pie de caucho,
la multitud,
la noche concurrida.
Para los pájaros la bala,
el navegante que se hunde silencioso
como una piedra ajena entre las olas.
El es su bailarín en fuga.
El dramaturgo,
nuestro hacedor,
desconoce la importancia de una lágrima leve.
Ya sé ladrar
como los hombres tristes.
sonar,
como los perros viejos,
quita tus patas de mi rostro, cabálgame,
sin que al ojo lo ciegue tu herradura.
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