Revista de poesía  
Revista de Poesía
La Habana-Miami
Santiago de Chile
  Se publica en Cuba, de forma artesanal, en edición trimestral limitada de 200 ejemplares desde Julio de 2000.
Regularmente en la web desde octubre de 2005.

 
Desde la Atenas de Cuba
 
  Puente de la Concordia, Matanzas, Cuba
 
 
Rolando Estévez
Rolando Estévez (Matanzas, 1953) .
Diseñador principal de la Editorial Vigía, su obra como artista de las artes plásticas ha sido reconocida nacional e internacionalmente. Ha publicado entre otros títulos de poesía Suite para voz y corazón en traje negro, (1989) y La cáscara profunda. (1994).

Rolando Estévez

Converso con mi madre en la cocina

Hoy es mil novecientos setenta y nueve.
Hoy es diciembre.
Hoy es Cuba. Matanzas.
Volviste con un sombrero beige,
un traje sastre,
una mirada que redescubrí
dentro de la congregación del aeropuerto.
Por encima de los hombros, las cabezas,
las sombrillas de todos los ajenos.
Es decir, por encima, por debajo, por dentro
de aquella multitud de mis hermanos,
los que vinieron como yo
a esperar (te)
a besar (te)
a llorar conmigo.
Ha caído la noche y junto al campanario
este balcón ajeno para ti,
desde donde puede verse la bahía
plateada como un espejismo en el desierto,
condenado a partir.
Partir sin saber, sabiendo a ciencia incierta.
Partir en dos tu cuerpo, el mío
para que viviésemos como medias naranjas agrias
destinadas a enjugar platos ajenos.
Y junto al campanario hablamos de los muertos.
Y junto a la cocina, el agua,
agua salada, azul, saliendo por la pila,
bautizando las conversaciones.
Agua salada, azul, agua de sirenas
y de ahogados.
Agua de mar saliendo por la pila.
Agua de mar del muro.
Y tu mitad perdida
y mi mitad perdida.
Hacen un solo cuerpo
abierto,
extraño,
ajeno.
Cuerpo de mar, de muro de agua donde
flotan,
pasan,
mueren
los barcos que nos prometieron tantas cosas.

Mujeres de la uva
(Fragmento)

Débiles lunas en el cuarto anuncian el arribo del vino,
los más viejos alcoholes
embriagaron el tiempo en que se escapa por la ventana un ave.
Un ave es el precioso espíritu del marco
por todos los senderos del día repetido;
un ave es repetir al infinito la ventana.
Mujeres de la uva llegan con su silencio al cuarto,
para majar el fruto con las plantas desnudas.
Siempre que el vino es débil hay algo de la sangre.
Hay algo de la vida en la abierta ceniza de los ramos
que dio la enredadera guardiana de esta casa.
Los que llegan y fundan, los que llegan y pasan
han de morir igual al borde de una red,
con su montón de ramas en el pecho y las manos vacías.
Nadie se llevará en el bolso los aromas,
los mínimos colores de la flor que en otoño
va a convertirse en uva o pájaro.
(…)

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