Revista de poesía  
Revista de Poesía
La Habana-Miami
Santiago de Chile
  Se publica en Cuba, de forma artesanal, en edición trimestral limitada de 200 ejemplares desde Julio de 2000.
Regularmente en la web desde octubre de 2005.

 
Desde la Atenas de Cuba
 
  Puente de la Concordia, Matanzas, Cuba
 
 

Portada del libro
Antología de la Poesía Cósmica de Matanzas, Cuba
I.S. Merlin
I.S. Merlín

Raúl Tápanes López
Raúl Tápanes López

Prólogo a la
Antología de la Poesía Cósmica de Matanzas, Cuba

Frente de Afirmación Hispanista, México, 2003

Por Raúl Tápanes López

En su prólogo a la antología Poetas en Matanzas (Instituto de Historia, La Habana, 1965), escribe el historiador Israel Moliner:

Matanzas, que en pasado siglo fue conocida como Atenas de Cuba porque desarrolló en sí -junto con el resplandor económico que la sostuvo- una vida intelectual relevante (Heredia, Plácido, Milanés, las tertulias de Del Monte), no fue menos deudora de ese crédito en los años que precedieron a la República (Byrne -íntimo a veces, poeta de la guerra para la historia-; Federico Urbach -musicalidad, buen gusto-) ni aún en la primera mitad de este siglo en que apuntaron voces, ya en la prosa vigorosa de fibra filoSófica (Medardo Vitier, Fernando Llés), ya en la poesía, que alzó cultivadores de tal trascendencia que marcaron hitos en la historia de la literatura cubana (Agustín Acosta -postmodernista tendiente a la sencillez, a la suave ironía filosófica, de poesía social-; José Zacarías Tallet -que infunde ternura y luz a su prosaísmo y es la imagen más genuina de lo cotidiano, creador de un estilo personalísimo-; Manuel Navarro Luna -íntimo en sus albores y recovecos y profundamente social ya hacia la madurez-; Regino Pedroso -humano, cósmico, telúrico, social-).

En Matanzas las antologías poéticas son una tradición a pesar de las adversas circunstancias que muchas veces las rodean. Ya en 1847 figuras tan brillantes como Heredia, Leopoldo Turla, Teurbe Tolón y Gómez de Avellaneda entre otros, se reúnen en el Album de Yucayo; nueve años después (1856) Luisa de Molina dedica el Aguinaldo a la guajirita del Canímar con la cooperación de Heredia, Federico Milanés, Antonio Guiteras, Domingo del Monte, Francisco Iturrondo y otros poetas de la época. En 1887 Nicolás Heredia ordena el Almanaque del Album, en el que se recogen trabajos de Francisco Jiménez, Ramón Mesa, Miguel Garmendía, Bonifacio Byrne, Fernando Romero Fajardo, Eugenio Sánchez de Fuentes, Manuel Carballo, José Luis Prado, Mateo Fiol y algunos otros.

En la primera mitad del siglo XX un grupo de poetas -entre los cuales se encuentran algunos de los aquí antologados- conforman la Peña Literaria, bajo cuyos auspicios se edita en 1958 la primera antología de la poesía matancera contemporánea que reúne a una veintena de autores, desde Agustín Acosta hasta Carilda Oliver Labra. En 1965, ya en pleno período revolucionario, ve la luz bajo el nombre de Poetas en Matanzas, lo que pudiéramos considerar el segundo número de la serie de antologías que con ese título ha sido editada. En 1978 y con prólogo de Carilda Oliver Labra se publica Poetas en Matanzas III. En 1986 aparece Poetas en Matanzas IV, que recoge 37 poetas nacidos en la provincia o residentes en ella. Trece largos años después Ediciones Matanzas publica -en 1999- la más reciente antología: Poetas en Matanzas V con textos de 40 poetas en 158 páginas.

En el 2001 el Frente de Afirmación Hispanista publica en México una pequeña Antología de la Décima Cósmica de Matanzas y Zonas Aledañas, recopilación hecha por el poeta matancero Francisco Henríquez, residente en Estados Unidos, en que aparecen, entre otros, 15 poetas de la Atenas de Cuba.

El presente trabajo -que agrupa una cantidad de poetas nunca antes reunida en publicación alguna-, ha sido hecho a la luz de las leyes del protoidioma poético descubiertas por Fredo Arias de la Canal, así como de sus estudios arquetípicos basados en el método del psicoanálisis. Los estudios de Fredo Arias sobre la poesía cubana han tenido su más notable y reciente fruto en los tres tomos -editados entre 2000 y 2002- de la Antología de la Poesía Cósmica Cubana, que agrupa a casi setecientos autores de todas las épocas, esfuerzo sin precedentes en la historia literaria o editorial cubana.

Un aspecto, aparentemente secundario, de esta ingente labor reclama atención por cuanto adquiere en nuestra coyuntura una importancia primordial: al hacer de la poesía un campo de estudio, Fredo Arias presta un doble servicio -como ya dijera el español Manuel de la Puebla-: el de difundir la poesía y el de congregar a los poetas. Numerosos poetas matanceros han visto sus textos publicados por el Frente de Afirmación Hispanista en pequeñas antologías personales que esta asociación cultural hace circular gratuitamente entre personas e instituciones culturales del mundo hispánico.

La mayoría de los autores aquí presentados -sobre todo los agrupados en la III Parte- es prácticamente inédita. Los menos tienen en su aval alguna edición que cumpla los parámetros internacionalmente establecidos para dejar de ser considerado un autor inédito. Muy pocos tienen ya un nombre reconocido y un sitio establecido en los medios de difusión nacionales. Excepto alguna que otra plaquette o alguna modesta edición tipo folleto, muchas veces artesanal y de escasa tirada, la mayor parte de estos poetas nunca han sido cabalmente editados. Esa característica puede tener muchas causas. Las conocidas dificultades editoriales por las que atraviesa el país, no calificar dentro de los presupuestos estéticos que determinan la difusión cultural en la isla y hasta la autoexclusión de los mecanismos de difusión.

Toda clasificación lleva en sí el riesgo que implica establecer un orden, un modelo, a partir de determinada perspectiva, por muy fundamentada que esta sea, ya que nunca será definitiva o única, sino efímera y susceptible a mejoras. Para su mejor apreciación hemos divido el trabajo en tres partes:

- Parte I dedicada a las figuras ya consagradas -aunque algunas quizás no lo son o no lo fueron tanto-, pero que sentaron cátedra y pautas a seguir y permanecen o permanecieron haciendo poesía hasta bien entrado el cambio social iniciado en 1959; maestros de las siguientes generaciones, algunos desarrollaron la obra por la que hoy se les conoce lejos de su lugar natal (Villar Buceta, Virgilio, Adolfo Suárez o Cintio Vitier), conservando unos (Adolfo Suárez, Vitier) más que otros (Virgilio Piñera) la influencia de lo que algunos han dado en llamar la matanceridad. Otros (Luis Marimón) que no nacieron en los alrededores del Yumurí, hicieron de Matanzas su tierra adoptiva y dejaron aquí su mejor legado. Algunos (Carilda Oliver, Francisco Henríquez, Juan Luis Hernández Milián) se mantienen aún muy activos en el ámbito de la literatura.

- Parte II: poetas más jóvenes que aún (a juicio de los antologadores) no han alcanzado las cotas de sus predecesores. Clasificación quizás discutible pero a través de la cual -y eludiendo hasta cierto punto el rígido orden cronológico- hemos querido dar la palabra, fundamentalmente, a los más jóvenes (que aparecen en la Parte III). Es esta una generación que marca el final de una etapa histórica determinada y que a su vez sirve de puente a los nuevos poetas actuales. En ella se destaca la presencia de autores que proceden de otros lugares de la isla (Alfredo Zaldívar, Carlos Chacón) pero que hacen poesía en Matanzas.

- La Parte III dedicada a los poetas más jóvenes, nacidos en o después de 1959 se inicia con Eliezer Lazo, tempranamente fallecido y que junto a Luis Marimón, constituya quizás uno de los paradigmas poéticos de la actual generación. Entre ellos unos pocos que han logrado cierto nivel de reconocimiento (Antonio José Ponte, Javier Marimón, José Manuel Espino y otros), para conseguir lo cual en algunos casos además de su calidad poética, han debido emigrar de sus lugares natales hacia la capital (Ponte, Javier Marimón) o el extranjero (Daniuska González).

Es importante dejar dicho aquí que se ha tenido especial cuidado en recoger los poetas matanceros -por nacimiento, porque han escrito su poesía aquí o porque su obra lleva la esencia de su origen- más representativos con independencia de cualquier otra consideración. Así están juntos poetas de posiciones políticas y sociales tan disímiles como Agustín Acosta, Néstor Ulloa o Manuel Navarro Luna, y una apreciable cantidad de los que hoy se encuentran fuera de la isla.

El estado de la poesía matancera actual es objeto de encontradas opiniones y críticas a veces complacientes y a veces ácidas. Los poetas mayores, unos más o menos abiertamente que otros en dependencia de sus características personales, consideran que hay superficialidad, falta de estudio y hasta de oficio en ciertos jóvenes. Los jóvenes a su vez, reprochan a los otros el usurparles la mejor parte en el terreno de la divulgación y el reconocimiento necesario como estímulo de trabajo. ¿El eterno conflicto generacional? ¿Una devaluación real en la poesía que hoy se escribe? Como fuere es hoy un secreto a voces en toda la isla, que la poesía ha perdido la importancia social y el papel protagónico que durante mucho tiempo tuviera en la cultura cubana, papel del que se ha apropiado en el aspecto literario la narrativa.

Agustín Acosta, José Zacarías Tallet y Regino Pedroso fueron, además de otros nombres que harían demasiado larga la cita, figuras cimeras de la poesía matancera que trascendieron más allá de la ciudad y de la isla en la primera mitad del siglo XX. Luego vendrían otros como Carilda Oliver Labra o Cintio Vitier, igualmente trascendentes que se encontraban en plena madurez al producirse el triunfo revolucionario de 1959. Una década después el llamado "quinquenio gris" -que en realidad ocupó más espacio de tiempo que el de un lustro- ejerció su negativa influencia en la poesía cubana. Carilda Oliver Labra, entre otras vetadas figuras literarias, permanece en silencio durante más de diez años. Antes ya había callado Agustín Acosta.

Los poetas actuales se abocan a todos los caminos y se diseminan en una serie de estilos más amplia que la de sus predecesores. Hay varias características muy marcadas y destacables en la poesía cubana y matancera actual. Hasta los creadores menos jóvenes que cultivaron el coloquialismo y la llamada poesía de exaltación y deslumbramiento de décadas anteriores -a decir de Arturo Arango-, se adhieren a una de las dos tendencias prevalecientes: la renovación de las formas clásicas -incluso el resurgimiento de la rima-, y la ruptura formal a través de la intensificación metafórica, el tratamiento de temas como la homosexualidad y hasta cierto regreso al hermetismo lezamiano. Es apreciable la vocación -puesta de manifiesto en los exergos, las citas textuales, las referencias a los clásicos, etc.- de los poetas actuales de insertarse en el mundo y la cultura universal.

Matanzas, que llegara a abrogarse para sí el sobrenombre de la Atenas de Cuba, está a mitad de camino entre La Habana -donde reside casi el 20% de la población de la isla- y Varadero, el polo turístico convertido en punto vital de la economía cubana. La ciudad de los puentes, la que bordea la bahía, la del nombre cruel, está también a mitad de camino entre la niebla del San Juan y el sol tropical, entre la leyenda y la realidad. Una ciudad que se precia de su tradición cultural, venida a menos desde que la aristocracia azucarera de siglos pasados perdiera sus prerrogativas; una ciudad donde la gente de la calle conoce a los poetas y los aprecia; una ciudad de poesía y para la poesía, donde cada transeúnte es un amante de algo -de sus calles o sus ríos, de sus mujeres o sus hombres- y cada amante es un poeta.

Matanzas, Cuba, noviembre de 2002

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