Revista de Poesía
La Habana-Miami
Santiago de Chile
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Malaras y Glosas Cubanísimas, de Francisco Henríquez
Francisco Henríquez
Las Malaras y Glosas Cubanísimas
de Francisco Henríquez (Frente de Afirmación Hispanista, A.C., México, 2008)
Por Raúl Tápanes López
Al hablar hoy de la décima en Cuba no es posible obviar el nombre del poeta matancero Francisco Henríquez. Su más reciente cuaderno es prueba de ello.
Con un verso grácil y una rima que fluye sin rebuscamientos, sus textos parecen -aún más con este último libro- haber alcanzado ese particular estado de gracia que sólo consiguen los grandes y que marca una obra. Henríquez, guajiro de Unión de Reyes, pueblo de campesinos al centro de la Isla, y que aún no suelta sus ariques a pesar de residir en la cosmopolita ciudad de Miami, se codea a través de sus malaras y glosas con lo más representativo de la décima cubana, juega con las imágenes, describe, resalta y usa la palabra con la misma facilidad que un buen pintor sus pinceles o, para decirlo de otra manera, con la misma naturalidad con que se mecen las palmas reales en los campos cubanos.
Es de notar que a contrapelo de su excepcionalidad, el poeta no pretende -mal extendido entre los hacedores de versos de hoy- deslumbrarnos con afectadas originalidades, con falsos descubrimientos o transgresiones que sólo demuestran irreverencia o ineptitud: precisamente en su particular brillo dentro de los cánones aceptados por la tradición, en su afán de decir y de servir, no de arrebatar y deslumbrar, está la raíz de su éxito: como el tubérculo debajo de la planta, que hay que desenterrar para degustar en un maravilloso plato de yuca con mojo.
La temática, por tanto, es el clásico repertorio de todo buen decimista: los héroes de la patria, la patria misma, el entorno y los sentimientos. Todo eso abarcan los primeros doce textos, que componen ochenta décimas y un soneto (“José Martí”). El resto de las décimas -la mayor parte del libro- son excelentes contrapuntos en que el poeta glosa los textos de quienes le han precedido en el tiempo o comparten el camino con él: El Cucalambé -unas cuantas a él dedicadas-, Fornaris, Hilarión Cabrisas, Sanjurjo, Mirta Aguirre y Rita Geada, entre otros.
Francisco Henríquez, uno de los tres cubanos que han sido honrados con el Premio Vasconcelos que otorga el Frente de Afirmación Hispanista -Salvador Bueno, ya fallecido, y Carilda Oliver Labra son los otros-, muestra, a sus ochenta años, una obra sólidamente afianzada en la décima cubana, que no es posible ignorar y que espera por un merecido estudio y una divulgación mucho más amplia, especialmente en la Isla. Porque como dice en sus versos “Es que Cuba sigue allí”... y la décima es una de las grandes vertientes de la poética cubana y Francisco Henríquez es uno de sus más destacados cultivadores, a la altura -ya maduro en edad el árbol y en su esplendor el fruto- de un Cucalambé, de un Angelito Valiente o de un Indio Naborí.
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