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Arique, revista de poesía
Se publica en Cuba, de forma artesanal, 
en edición trimestral limitada de 200 ejemplares desde Julio de 2000.
Regularmente en la web desde octubre de 2005.
Cuba  
Puente de la Concordia, Matanzas, Cuba
Raúl Tápanes López
Raúl Tápanes López (Matanzas, Cuba, 1953).
Edita de manera artesanal sus propios textos y la revista de poesía Arique. En 1999 el Frente de Afirmación Hispanista publicó en México su poemario De la desesperanza y otros poemas.

Raúl Tápanes López

Arique y sus orígenes

La autoedición, que según definiciones enciclopédicas no es más que el uso de un ordenador o computadora y de software especializado para combinar texto y gráficos con el objeto de crear un documento que pueda ser impreso mediante impresora láser, fotocomposición u otro sistema de reproducción, es un término del que mucho se viene hablando en las últimas décadas.

Pero también para muchos autoedición del autor se asocia casi inconscientemente a la llamada por Julio Caro Baroja literatura de cordel, sinónimo de seudoliteratura, de material de cuestionable calidad, una versión impresa de siglos anteriores (sus orígenes se remontan al siglo XVI español) de las telenovelas y los reality shows. Quienes así piensan olvidan que en autoediciones a veces mecanografiadas en las hoy casi obsoletas máquinas de escribir, en miemógrafos o fotocopiadoras, se hicieron revistas tan significativas como la Sintaksis de Alexandr Ginzburg en los años 60, o que en las paredes de Bahía Blanca y Buenos Aires se escribió mucha de la buena poesía argentina en la década del 90 por los llamados poetas mateístas. También quieren olvidar que hoy mismo en los subvalorados e-books o libros electrónicos se difunden por la internet sin costo alguno las obras de Kafka, Béquer o Lorca junto a las de García Márquez, Borges o Rulfo y muy buenas revistas culturales, como la cubana Esquife. O que en las más recientes ferias del libro como la de Buenos Aires, el espacio dedicado a las autoediciones crece sin cesar. Arique es hoy una publicación auto-editada en un ordenador personal y con una impresora casera.

El año 1998 fue, en lo personal, muy significativo: la visita del Papa con su carga espiritual, mi reencuentro definitivo con la poesía y la entrega del Premio Vasconcelos al Dr. Salvador Bueno que motivó mi primer encuentro con Fredo Arias de la Canal, fueron acontecimientos que me abrieron nuevos caminos.

Fue por esos tiempos que empezamos a analizar la posibilidad de dar a la luz una publicación periódica literaria. De conjunto con el pintor, editor, ensayista y poeta matancero Angel Antonio Moreno trazamos, entre trago y trago de ron desde su amplio pero semiderruido piso en la calle Contreras, las pautas iniciales de una publicación que sólo existía en nuestros sueños. Fue el mismo Moreno quien sentara, con su experiencia como editor, las bases fundamentales a las que aún hoy se ajusta la revista y que facilitaron la viabilidad del proyecto, entre ellas el pequeño formato que nos permitiera –aún todo era incierto y más quimérico que real- poder usar cualquier medio de impresión, incluso la máquina de escribir en el peor de los casos, aprovechando el papel comercial estándar de 8 ½ x 11 ó 13 pulgadas. De hecho los dos primeros números de la revista fueron tecleados –literalmente- en una vieja Underwood del año 1958. Otro lineamiento nunca escrito pero cumplido hasta hoy fue el publicar fundamentalmente a escritores poco conocidos, inéditos en lo posible, como un medio alternativo para aquellos que teniendo una aceptable calidad desde el punto de vista literario, no podían acceder a los escasos y a veces elitistas medios de difusión culturales establecidos.

Recuerdo que el nombre que debía llevar la publicación fue objeto de una constante controversia y búsqueda en nuestro afán de conseguir algo autóctono, que diera además idea de nuestros objetivos. Entonces se barajó llamarle Arique, pero Moreno quiso reservarse la posibilidad de usar el término en ciertos proyectos editoriales que tenía en ciernes. Comprendiendo la imposibilidad de acometer la tarea de editar una publicación –no una revista, sino boletín, o cuaderno si se quiere- sin la apoyatura de una entidad ya establecida, recurrimos a instituciones culturales primero y a ciertas asociaciones religiosas luego en busca de ayuda. A ningún burócrata le interesó co-patrocinar nuestra utopía poética, unos nos propusieron andar largos e imprecisos vericuetos de aprobaciones, planes editoriales y limbos legales, y otros se excusaron con un amable no tenemos recursos.

Con un apreciable colchón editorial, los tres primeros números elaborados y aún sin nombre para la criatura y descartada la posibilidad de apoyo por parte de entidad alguna, decidimos publicar el primer número, que vio la luz en julio del 2000, con apenas 16 páginas. Armados de la ya mencionada máquina de escribir estuvimos semanas tecleando la impresionante tirada de poco más de 100 ejemplares de tres en tres, papel copia mediante. La portada, por esta primera y única vez en cartulina, fue hecha en fotocopiadora reproduciendo dibujos de los pintores matanceros Francisco Cobo y Rafael Soriano.

En el segundo número aparece ya una referencia al Frente de Afirmación Hispanista: la portada, también impresa en máquina fotocopiadora, recrea la tradicional ilustración de reverso de portada de la revista Norte y está dedicado a la poesía cósmica. Las precarias condiciones en que se hicieron esos dos primeros números hacía muy improbable la aparición de un tercero. Es por eso que en un suelto colocado en el interior de cada ejemplar, además de resaltar los propósitos de la publicación, se hace un llamado a la ayuda solidaria y efectiva de los que quieran y puedan contribuir a este empeño de hacer poesía. En el segundo de sus cuatro párrafos la nota también destacaba: No es una revista (refiriéndose a Arique) ni pretende serlo; tampoco es un proyecto cultural o social, ni siquiera un proyecto estético. Es tan sólo eso, un arique (ver definición) que por circunstancias fortuitas pretende enlazar las expresiones artísticas de los amigos de la poesía sin distinción de credos, razas o ideologías. Arique estaba a punto de concluir su efímera existencia, era octubre del 2000.

Ya para entonces el FAH había contribuido mucho, en muy poco tiempo, a la difusión y conocimiento de los poetas cósmicos cubanos. La revista Norte y antologías de poesía seleccionada según las leyes del protoidioma y el análisis arquetípico de Fredo Arias de la Canal, entre ellas aquellas hoy míticas Antología cósmica de ocho poetas cubanas y La poesía cósmica de tres poetas revolucionarios: Marx, Nietzsche, Martí, junto a otras decenas de ediciones eran enviadas gratuitamente por correo a personalidades, instituciones culturales y desconocidos poetas de la isla. El apoyo del FAH y de su presidente fue decisivo para que Arique continuara saliendo. El tercer número –enero del 2001- ya fue confeccionado mediante un programa profesional de diseño y una impresión más decorosamente legible.

Al llevar a cabo el estudio y análisis de la poesía a partir de las leyes que rigen la creación poética, Fredo Arias presta un doble servicio –como ha dicho el español Manuel de la Puebla-: el de difundir la poesía y el de congregar a los poetas. Y donde algunos ven un defecto vemos otros su mayor virtud: lo determinante, lo verdaderamente importante, es la obra del poeta, del artista, por encima de cualquier otra valoración extra-literaria.

El 2002 fue otro año de buenos acontecimientos para Arique y la poesía cósmica cubana. A la entrega del Premio Vasconcelos a la poeta Carilda Oliver Labra se unieron las dos visitas realizadas a Matanzas por Fredo Arias. Dos años después de su precario nacimiento la publicación pudo contar con su página web en la internet, lugar donde, gracias a la ayuda desinteresada de amigos en otros países, se encuentran hoy los más recientes números de Arique y la totalidad de los materiales publicados, correspondientes a más de medio centenar de poetas cubanos, residentes o no en la isla. Siempre de gran valor, y especialmente en los primeros tiempos de la revista, ha sido la ayuda brindada desde el punto de vista literario por el amigo Urbano Martínez Carmenate, historiador de la cultura matancera. Especial agradecimiento debemos también a personalidades como el español Juan Delgado López y a las poetas argentinas Norma Pérez Martín, Norma Chiarelli e Irene Wigger.

Arique arriba hoy a su número 13 luego de poco más de tres años de existencia. Editamos hoy unos 250 ejemplares –no nos apena decirlo, significa para nosotros un gran esfuerzo– que enviamos por correo a amigos en una docena de países. Pese a su casera impresión y la modestia de su presentación, amén de su exigua tirada y limitados propósitos de servir sólo como vehículo de intercambio con poetas y escritores amigos, de no circular comercialmente, ni siquiera como publicación gratuita, Arique ha dejado su huella en la impronta cultural matancera y su ya recordable presencia entre los poetas cósmicos de la Atenas de Cuba.

No.12-13, Abril-Septiembre de 2003

 

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