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Arique, revista de poesía
Se publica en Cuba, de forma artesanal, 
en edición trimestral limitada de 200 ejemplares desde Julio de 2000.
Regularmente en la web desde octubre de 2005.
Cuba  
Puente de la Concordia, Matanzas, Cuba
Raúl Tápanes López
Raúl Tápanes López (Matanzas, Cuba, 1953).
Edita de manera artesanal sus propios textos y la revista de poesía Arique. En 1999 el Frente de Afirmación Hispanista publicó en México su poemario De la desesperanza y otros poemas.

Raúl Tápanes López

La poesía precursora de José Martí
Versos libres, la ciudad como un cesto de hortigas

La literatura tradicional sobre Martí puede clasificarse en dos vertientes fundamentales, constituida una por los biógrafos (Lizaso, Mañach, Don Ezequiel) que proponen un héroe que sacrifica la poesía en aras de la política, y otra por los críticos literarios (Vitier, Manuel Pedro, Schulman) que nos ofrecen su imagen poética del mundo en que se inscribe su acción pública (1). Así se dividen y aíslan los discursos que son natural e intrínsecamente uno solo.

Para otros nuestra América –como la llamara Martí- no es sólo un continente controversial ni un tercer inundo, sino un mundo distinto dominado por dos fuerzas: la magia y la persecución. Un mundo donde el tiempo y lo real están prefigurados por el mito y el ritmo, por la intuición y no la razón (2). Quizás un poco el mundo ahora llamado de lo real maravilloso que arranca desde los códices indígenas y los equívocos de un Américo Vespucio, hasta el mestizaje modernista de Darío y elMacondo del primer García Márquez.

Este distinto tiempo americano exige que el héroe sea el poeta que vive perseguido. Se convierte así la poesía en la más alta expresión de la libertad (3) y adquiere coherencia el discurrir poético y político de Martí artificiosamente fraccionado. Tal vez por eso, entre otras cosas, sea Martí el apóstol de la libertad americana y a la vez resulte mayor en sus intuiciones que en lo estrictamente poemático (4). Su persecución y su sino explican la preponderancia del verbo y del adjetivo en una poesía de pasiones y relámpagos, sin excesos metafóricos pero repleta de imágenes y visiones, y sobre todo, profundamente intuitiva y premonitoria, que dice más de política por omisión que por referencia: toda ocultación es de raíz sagrada, pero ocultarse no es huir, sino replantear la batalla en otro terreno (5). Desde hace siglos los poetas hispanoamericanos se han identificado con los perseguidos y han debido buscar con el éxodo un nuevo terreno para replantear su poesía.

Aun cuando en vida sólo publicara Versos Sencillos y una delas páginas más hermosas de la ternura y la poesía en lengua española (Ismaelillo), son los Versos Libres, escritos fuera de su país y perdidos entre papeles e inéditos hasta su muerte, su obra poética más significativa: ahí está el comienzo de la poesía moderna en nuestra lengua (6).

La poesía es sagrada. Nadie
de otro la tome, sino en sí. Ni nadie
como a esclava infeliz que el llanto enjuga
para acudir a su inclemente dueña,
la llame a voluntad: que vendrá entonces
pálida y sin amor, como una esclava
(La poesía es sagrada...) (7)

En Versos Libres es donde con mayor fuerza irrumpen las visiones, las batallas y las premoniciones de Martí. Aquí nos enfrentamos a lo más contradictorio, inesperado y revuelto de cuanto salió de su pluma (8). Aquí él héroe, el perseguido, el poeta, conversa cara a cara con sus temores y esperanzas, sus fantasmas y su yo íntimo, su poesía (9).
                                                                                                   .
De Martí se ha hablado mucho, malintencionada u honestamente en tanto que político, hombre de acción y pensador social, pero no bastante como oficiante del rito nocturno, solitario y callado de la poesía. Y lo poco que se ha hecho al respecto ha tendido a su encasillamiento como precursor del modernismo  o se ha  limitado a señalar su influencia sobre Darío o sus reminiscencias de Whitman, Víctor Hugo o Góngora. Otros tienden a contraponerlo a las corrientes literarias actuales, aduciendo su preocupación de que la modernidad desarticulara el sujeto heroico del romanticismo (10) y lo que llaman el repliegue de su poética hacia lo íntimo en oposición a la apertura pública de la modernidad  (Rafael Rojas, Vitier). Sin embargo en sus crónicas conocidas como Escenas norteamericanas asistimos a un concierto que es un verdadero hartazgo del espacio público que suscita la modernidad (11). La ciudad moderna y antropofágica, donde se teje y desteje lo real y lo maravilloso, es quizás el símbolo más común de estos tiempos. Y su presencia en los Versos Libres es significativa y vibrante.
                                                                                       
Ya en la segunda mitad del siglo XIX las ciudades americanas están sujetas a una serie de influencias que determinan numerosos cambios en sus componentes sociales, su funcionalidad y su actividad económica. La población en ella asentada se incrementa notablemente (según Oranar Ette entre 1850 y 1900 se duplicó la población en Latinoamérica), se modifica el diseño de sus estructuras y el trazado de sus espacios, crece su importancia en la producción de bienes, se modifican velozmente las tradiciones, costumbres y hábitos de sus moradores. La influencia de la ciudad va cambiando el modo de pensar de la sociedad urbana y a la vez irradia esa influencia hacia espacios adyacentes. Se establece así en toda su plenitud el criterio dominante del siglo XX -pero con raíces remotas en Aristóteles o más acá en Fray Bartolomé de las Casas-, que considera a la sociedad urbana la forma más alta de la vida humana (13).

Frente a las casas ruines, en los mismos
sacros lugares donde Franklin bueno
citó al rayo y lo ató,
por entre truncos
muros, cerros de piedra, boqueantes
fosos, y los cimientos asomados
como dientes que nacen a una encía,
un pórtico gigante se elevaba.
(...)

Ruedas y hombres al aire sometieron;
trepaban en la sombra, más arriba
fueron que las iglesias; de las nubes
la fábrica magnífica colgaron:
y en medio entonces de los altos muros
se vio el pórtico en toda su hermosura.

(Pórtico)

Para Ángel Rama la ciudad es el anillo protector del poder y el ejecutor de sus órdenes (14) y mucho antes del postmodernismo actual, de lo que en un tiempo diera en llamarse antipoesía, de la poesía beat de un Alan Ginsberg y hasta de los clásicos poemas neoyorquinos de Lorca, ya en el siglo XÍX latía con toda su avasalladora fuerza, la imagen de la ciudad moderna en la poesía martiana:

Cuando va a la ciudad, mi poesía
me vuelve herida toda, el ojo seco
y como de enajenado, las mejillas
como hundidas, de asombro: los dos labios
gruesos, blandos, manchados; una que otra.
luta de cieno -en ambas manos puras
y el corazón, por bajo el pecho roto
como un cesto de hortigas encendido:
así de la ciudad me vuelve siempre.

(Mi poesía)

Pero no es la evaluación pesimista y fatal lo que alienta la poesía martiana, sino su fe en el mejoramiento humano, en la vida futura, en la utilidad de la virtud, como le expresa a su hijo cuando le dedica Ismaelillo. Nohay contradicción donde algunos quieren verla. Que el Apóstol pretendiera la salvación de la mejor parte del legado romántico e idealista del Quijote español por sobre el crudo practicismo anglosajón -que casi termina por imponerse-, no implica un rechazo a lo moderno sino a su decadencia. Como tampoco implica su afiliación política o poética a los extremos que siempre terminan tocándose.

Antes que Vallejo, el poeta de los hondos textos en que el hombre y su entorno más común y moderno adquieren relieve poético, ya Martí trataba las cosas cotidianas, la fealdad, la pobreza, la visión del obrero, del hombre común (15).

Un obrero tiznado; una enfermiza
mujer, de faz enjuta y dedos gruesos;
otro que al dar al sol los entumidos
miembros en el taller, como una egipcia
voluptuosa y feliz, la saya burda
en las manos recoge y canta, y danza;
un niño que sin miedo a la ventisca,
como el soldado con el arma al hombro,
va con sus libros a la escuela; el denso
rebaño de hombres que en silencio triste
sale a la aurora y con la noche vuelve,
del pan del día en la difícil busca

(Estrofa nueva)

Pero es en Amor de ciudad grande donde su imagen de la ciudad moderna adquiere su matiz más dramático y nos revela una visión inquietante y dolorosa: su confeso temor a la pérdida de valores, al vértigo embrutecedor y a la deshumanización de los tiempos apenas entrevistos en las calles de la Nueva York de 1882, presagio horrendo de estos tiempos:

De gorja son y rapidez los tiempos.
Corre cual luz la voz; en alta aguja,
cual nave despeñada en sirte horrenda,
húndese el rayo, y en ligera barca.
el hombre, como alado, el aire hiende
(…)

Se ama de pie, en las calles, entre el polvo de los salones y las plazas; muere
La flor el día en que nace (...)
¡O si se tiene sed, se alarga el brazo
v a la copa que pasa se la apura!
(...)

¡No son los cuerpos ya sino deshechos,
y fosas, y jirones! (...)
¡La edad es esta de los labios secos!
¡De las noches sin sueño! (...)
¡Me espanta la ciudad! ¡Toda está llena
de copas por vaciar, o huecas copas!
¡Tengo miedo ¡ay de mí! (...)
¡Tomad vosotros, catadores ruines
de vinillos humanos, esos vasos
donde el jugo de lirio a grandes sorbos
sin compasión y sin temor se bebe!
¡Tomad! ¡Yo soy honrado, y tengo miedo!

(Nueva York, abril de 1882)

Hay muchas aristas del diamante martiano aún por estudiar, entre ellas la enorme importancia de su poesía, faceta relegada como ya dijimos a un segundo o tercer plano tras su imagen de político y líder civil; tampoco ha sido estudiado su enfrentamiento en el terreno poético a las estructuras e ideologías opuestas al hombre, que encuentran ya en el siglo XX su más acabada expresión en el mundo urbano. Y de su poesía no son los Versos Libres lo más divulgado, ni sus visiones premonitorias, ni sus intuiciones precursoras de las corrientes poéticas posteriores, adelantamientos que llegan incluso más acá del modernismo y que pueden ser rastreados hasta el corazón de nuestras modernas urbes americanas en que el otro tiempo, el tiempo distinto, sigue teniendo en la magia y la persecución, en el mito y el ritmo, su héroe que es a la vez el poeta perseguido de todos los tiempos.

Perseguidos por los fantasmas ilustres y estas ciudades que deshumanizan y oprimen, por este poder americano del tiempo diferente, no podemos resistirnos a concluir con una cita de Juan Marinello:

Llegará un día en que se toque la médula del poema de Martí en que tenga el crítico libertad y luz para llegar al fondo de la estrofa y sentir el latido de su nacimiento y el arranque de su vuelo (16).

Notas

(1) Rafael Rojas, La república escrita
(2) Reinaldo Arenas, conferencia en la Universidad de La Habana, 22 de julio de 1968
(3)Abierto el camino de la Libertad por la poesía, se establece automáticamente su acción subversiva. La poesía se convierte entonces en instrumento de lucha en pro de una condición humana en consonancia con las aspiraciones totales del hombre. Ceder a la exigencia de la poesía significa romper las ataduras creadas por el mundo cerrado de lo convencional. Aldo Pellegrini, La acción subversiva de la poesía
(4) Cintio Vitier, Los versos libres
(5) Cintio Vitier, Lo cubano en la poesía
(6) Fina García Marruz, Los versos de Martí
(7) Esta cita y todas las que siguen de Martí han sido lomadas de Obras completas, tomo 16, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975
(8) Juan Marinello, Martí: poesía
(9) Martí poseía una de las más grandes intuiciones que han existido en nuestro idioma para llevar la palabra a su plenitud () La fuerza pura y plena del verbo, lo había capturado desde su raíz. Ese fue su gran aporte a la poesía y a la prosa. Por eso inauguró nuevas formas de expresión. José Lezama Lima, Antología de la poesía cubana
(10) Julio Ramos, El reposo de los héroes
(11) Cintio Vitier, Leyendo La república escrita de Rafael Rojas
(12) La ciudad como construcción de la memoria o la memoria como constructora de ciudades, ambas posibilidades tienen en común apuntar no sólo a una interpretación del pasado -un pasado merecedor o no de ser conservado- sino también a la construcción de la ciudad como monumento.
Hugo Achúgar, Ciudad ficción, memoria
(13) José Luis Romero. Latinoamérica: las ciudades y las ideas
(14) La ciudad letrada, 1981
(15) No sólo en Versos libres late la imagen de la urbe en Martí. En lo que ha dado en llamarse Flores del destierro aparece un poema (Bien: yo respeto) que puede ser ejemplo y no es el único. De él ha dicho Cintio Vitier que vale como prevallejiana insignia de -y cita los versos martianos- la arruga, el callo, la joroba, la hosca/ y flaca palidez de los que sufren.
(16) Juan Marinello, ob. cit.

No.9, Julio-Septiembre de 2002

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