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Arique, revista de poesía
Se publica en Cuba, de forma artesanal, 
en edición trimestral limitada de 200 ejemplares desde Julio de 2000.
Regularmente en la web desde octubre de 2005.
Cuba  
Puente de la Concordia, Matanzas, Cuba
Hugo Hodelín Santana
Hugo Hodelín Santana (Matanzas, 1955). Poeta. Es autor de varios poemarios, entre ellos Confesiones de un poeta mientras cuida un parqueo.

Hugo Hodelín Santana

A manera de introducción

Escribir para la impronta de una publicación constituye para mí un oficio difícil. En un no fortuito encuentro con I.S.Merlín éste me conminó a realizar una introducción a la poesía de Luis Marimón, cosa que no puedo rechazar. Por ello, me veo ante esta sumaria y difícil tarea . Y no lo digo por desdeñamiento sino porque el hecho, al trasluz del tiempo, resulta para mí algo bien difícil, a tenor de la amistad que me unía con el poeta y el riesgo de hacer un texto desclasado y avalador del sello de nuestra amistad, cuando lo que se quiere es dar la más esencial muestra, amparada en la justicia literaria, del mérito que corresponde al poeta.

Luis Marimón. 1951. La Habana. Luis Marimón es el poeta que deja por encima de cualquier otro dentro de su generación, una huella marcada en aquellos que de cualquier manera enfrentan la poesía. Hoy que su obra se descubre dentro del panorama de la poesía cubana de finales del siglo XX, ya tiene en su ciudad una dimensión que podría juzgarse como imperecedera; para nadie pudo o podrá constituir la poesía de Luis Marimón un hecho de segunda línea. Aún desde sus primeros textos atraviesa un ciclo que va desbordando cualquier marco.

No catalogaría yo a Luis Marimón dentro de una poética predeterminada, es sólo un poeta que conoce las cosas y las nombra y esto, que pudiera pensarse como un hecho intrínseco dentro de la poesía, como un denominador común dentro del arte poético, no es su propósito específico. Nadie le dicta, sólo le conminan aquellos seres a los cuales debe su existencia y a partir de ello crea un mundo poético. Sin salir de su pequeña habitación es capaz de atrapar la esencia de una mujer, de un trago o de cualquier comentario que muy bien pudo concebirse en Estambul, Atenas o Matanzas o cualquier ciudad aún por aparecer, puesto que él mismo no se prefija a una única manera de construir el mundo. El pasado es para Luis Marimón quien lega como una correspondencia entre mundo, visión, fuente, espíritu; correspondencia paradigmática que sólo los poetas transcendentes poseen a la manera de Pound, Kavafis, Mayakovsky, Milton u otro de los clásicos desde cualquier arista que el lector lo atrape. No le es necesario visitar las fuentes de El Cairo, las Españas, o un sitio no conocido de África; el hecho que lo reconforta puede tener los pasos contados, le basta con ir de su casa a La Marina como para atrapar su ojo y desdoblarlo, en esa, diría yo, manera en que el hombre siempre transcurre. No hay diferencia en el uso del tiempo y el lugar, pues es el hombre siempre el mismo, como diría el poeta, en este o cualquier otro punto cardinal, pues lo que magnifica no es el sitio o la ciudad, sino la naturaleza humana por encima de cualquier catarsis existencial.

El poeta vive con esa complicidad de los hombres breves, no hay frase o verso en Luis Marimón que no lo diversifique, que no toque de una manera sorprendente la realidad. Es imperecedero el poeta que con aguda visión profética no se desmiente, no se desdobla y es siempre el mismo, puesto que sólo a él le es revelada la palabra, como uno de esos mágicos oráculos que ya fueron y serán por siempre.

En su habitación, decorada con un cenicero que nunca llena, un colchón doblado, una pluma y una hoja de papel, envuelto en la atmósfera del cuarto a donde llegan los seres más proféticos y controversiales, donde hay un espacio para la magia y la transpolación de la vida, sea cual sea su contenido, coincide todo como un levante dormido, y basta con ello para construir el mundo donde la marisma penetra con ese olor a acto divino, y donde el poeta no supone, sino afirma.

Lector inagotable, goza del canto con oído fino, oye con sorprendente claridad el valor de quien nombra, conoce la esencia de lo que corresponde llamar literatura, y él no se deleita con ello, sencillamente cae en estado de éxtasis, y se hace capaz de devorar con canibalismo literario un pasaje de García Márquez o Las mil y una noche enteras, el Lao-Tsé o un cuento que habla de la caballería árabe, porque Luis Marimón no se propuso ninguna meta literaria, ni ir a sitio alguno. El era el juglar, el vocinglero, el misionero que ataba el verso a esa magia donde su cuarto podía ser el espejo de un faraón, o un punto de sacrificio antiguo donde podía caer la mujer maravillosa o la sangre de cualquier elegido.

Mucho está por hacerse para colocar con entera dignidad al poeta donde corresponde y dejarlo vivo, paciente, a trasluz de sus viejas fotografías, como el capitán de un barco que no es más que su cuarto, o como el dijo "un barco insólito de otro tiempo", acodado a sus hijos y a Miriam y aquellos que bien lo quieren, sin oportunismos locales o poses literarias. Mucha falta le hace a Matanzas -y a la literatura nacional- ubicar y difundir su poesía, que no sólo es necesario, sino imprescindible, más allá de cualquier evento cultural o meta literaria.

La actual generación poética dentro de la ciudad que lo ama y lo restituye, prueba -es imagen cierta- que el poeta está presente, que no ha habido juicio final, que todo está por hacerse. Sobre la poética de Luis Marimón no hay nada definitivo, como nos pasa con los poetas imperecederos, que aunque leamos tenemos que seguir con su libro bajo el brazo y -en cualquier paraje del tiempo- retomarlo, porque los seres que ellos crean nos corresponden, tocan a nuestra puerta a diario, quizás algo confundidos, miran de soslayo con taciturna ingenuidad su casa, la del poeta. El decía: "hay algo en el hombre que no muere, que la muerte no puede matar" y por eso, tal vez acodado a La Marina, cualquier noche aparezca tirándonos el brazo por encima y diciendo ésas, sus palabras, las que nadie podría repetir con la misma voz profética: "¡Vamos, garañón, el mundo no ha empezado, yo soy siempre..." Quizás con esta manera de hacerse perpetuo nos sorprenda, con una carcajada, para decirnos "yo estoy, aquí, estaré".

No. 10, Octubre-Diciembre de 2002

 

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