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Arique, revista de poesía
Se publica en Cuba, de forma artesanal, 
en edición trimestral limitada de 200 ejemplares desde Julio de 2000.
Regularmente en la web desde octubre de 2005.
Cuba  
Puente de la Concordia, Matanzas, Cuba
Fredo Arias de la CanalFredo Arias de la Canal (México, 1939). Sus estudios psicoanalíticos de la poesía le han llevado al enunciado de las leyes del protoidioma y los arquetipos que identifican la poesía cósmica.

Fredo Arias de la Canal

Palabras en la entrega del Premio Vasconcelos
a Salvador Bueno Menéndez

La Habana, 12 de octubre de 1998

Si hoy mejicanos y cubanos estamos reunidos para honrar públicamente a un gran literato hispano-americano es debido a que hacia 1484 naufragó un piloto de Huelva al servicio de Portugal, llamado Alonso Sánchez, quien pudo regresar a la isla de Azores para informar -antes de morir- de la existencia de lo que después se denominaron las Antillas. Hubo dos pilotos de Madeira que supieron del naufragio, uno se llamó Fernando Domínguez de Arco, el otro Cristobal Colomo quien al regresar de su primer viaje, siguió el consejo de Sánchez de Huelva, tomando el derrotero del norte. Martín Alonso Pinzón, quien regresó por la ruta de los huracanes de Alonso Sánchez, también murió después de su regreso. Mas, nada de esto hubiera ocurrido de no ser por un condado del reino de León llamado Castilla, que además de reconquistar la península hispánica del dominio moro, formó la lengua con la cual nos estamos comunicando ahora, y la literatura básica de nuestra cultura. Mi amigo y maestro Américo Castro en su ensayo Castilla durante los siglos de la reconquista (Los españoles. Una introducción a su historia. University of California Press.1971), dijo:

El punto de partida para la historia de quienes comenzaron a llamarse españoles en el siglo XIII, pero que sólo lo fueron verdaderamente en el siglo XVI, cuando lograron crear un imperio, brota del espíritu belicoso del condado de Castilla, en el siglo X, que se proclamó reino independiente en el curso del siglo siguiente. Sólo entre los castellanos surgió una poesía épica, que tomó su inspiración de temas contemporáneos que narraban las hazañas del conde Fernán González, (la historia de) los siete Infantes de Lara y el Cid; aunque el anónimo Cantar de Mio Cid, que data del siglo XII, es la única obra de su género que ha sobrevivido. Menéndez Pidal demostró que los orígenes de esta poesía, dedicada a un tema colectivo -y debe recalcarse este punto- se remontan, probablemente, a los últimos años del siglo X. Con esa poesía, el dialecto hablado en Castilla, diferente del usado en la Hispania visigoda, alcanzó la categoría de lengua literaria; un fenómeno de importancia histórica primordial, que no tiene nada que ver con la demografía.

(...)
A fines del siglo X o principios del XI, los habitantes de esa Castilla fortificada comenzaron a cantar, en poesía épica, las proezas y las hazañas del conde Fernán González. Según la leyenda, se le atribuye el logro de la independencia del condado de Castilla del reino de León. En ese punto, el dialecto castellano se impuso como medio de comunicación escrita. El ministrel que compuso el Cantar del Cid llama a la patria del héroe "Castilla la Gentil" (Castilla "la noble"). Ningún otro reino fue ensalzado en términos tan brillantes y laudables. (...)
Los castellanos de "ese pequeño rincón", que se mencionan en el Cantar del Conde Fernán González, del siglo XI, conservaron el recuerdo de sus comienzos, modestos, pero heroicos. Se encuentran ecos de ese cantar en el Poema de Fernán González, obra erudita de un fraile del siglo XIII, compuesta hacia 1250:

Entonces era Castiella un pequeño rincón
era de castellanos Montes d'Oca mojón...
Castiella la Vieja, al mi entendimiento,
mejor es que lo al, porque fue el cimiento,
ca conquirieron mucho, maguer poco conviento. (Aunque poco habitada)

La tragedia de la lucha desigual contra la España islámica está recopilada en el Cantar de los Infantes de Lara que nos recuerda el libro IV de los Macabeos donde se relata la reciedumbre de un anciano y luego de siete jóvenes hermanos, los cuales fueron primero torturados y luego quemados por Antioco, mientras la madre que estaba presente los exhortaba a tolerar el sufrimiento. En el caso de los infantes de Lara, es el padre quien presencia la muerte de cada uno de sus siete hijos y del tutor Nuño Salido por órdenes de Almanzor. El cantar comienza así:

Pártese el moro Alicante
víspera de San Cebrián
ocho cabezas llevaba,
todas de hombres de alta sangre.

Comparemos la tragedia castellana con lo consignado por Salvador Bueno en su ensayo Visión de Martí por cuatro españoles, al hablarnos de Federico de Onís:

Se refiere a una canción popular cubana de dicada a Martí que encontró en 1926 en el curso de sus investigaciones folclóricas en Puerto Rico. La escuchó a un viejito jíbaro que se acompañaba con su guitarra. Por su tema y sus características musicales la con sidera de origen cubano, aunque ningún cubano le dio después razón de conocer esta canción. Pero si en Cuba no se recordaba, no ocurría por igual en la isla hermana. Se habla en ella de tres patriotas, de tres amigos: Quintín Banderas, Antonio Maceo y José Martí, que han muerto. Debió componerse no después de la muerte de Martí (1895), ni la de Maceo (1896), sino la de Quintín Banderas ocurrida en 1906. Eran los tres amigos el negro Quintín, el mulato Maceo y el blanco Martí. Apunta Onís: "Pensé cuánto le hubiera agradado a Martí verse recordado por el pueblo en tal trinidad, cuya unidad es Cuba". Copiemos el texto de esta canción popular cubana:

Tres amigos,
tres patriotas
a llorar, cubanos,
la muerte de los que están,
que están en la eternidad.
Banderas, Maceo y Martí.
Más valía no haber nacido
para vivir en el mundo
con un dolor tan profundo
que no se puede aguantar.
Si ése era su destino,
es digno de lamentar,
me dan ganas de llorar,
ay, de llorar, cubanos.

Detrás del vigor bélico de Castilla estaba la fuerza arquetípica de su poesía. Así lo vio Castro:

Si se tratara de forasteros o extranjeros y de una geografía desconocida o ficticia, lo que sucedió a fines del siglo X no hubiera hecho nacer una leyenda y una poesía que los castellanos han mantenido viva durante más de setecientos años. Es evidente que los aspectos históricos y tradicionales de esta forma de literatura, transmitida oral mente, dependían de un conjunto muy específico de circunstancias y condiciones humanas, más que de un tradicionalismo abstracto. Aunque es cierto que la posibilidad de una literatura épica está relacionada con tradiciones germano- góticas, como lo dedujo correctamente Menéndez Pidal, el hecho de que esas raíces poéticas florecieran sólo en Castilla nos obliga, en este caso a conceder mayor importancia a lo "castellano"de la épica que a su probable ascendencia visigoda. Isidoro de Hispalis aludió una vez a la cantica majorum, a las obras de sus antepasados. Los godos regían políticamente toda la península; pero parece ser que esos cantares de gesta sólo echaron raíces en Castilla.

En Cubanía y españolidad de José María Chacón y Calvo (Editorial Letras Cubanas. La Habana 1994), seleccionó Salvador Bueno el discurso leído por Chacón en la Academia Cubana de la Lengua el 23 de abril de 1953. Leamos este fragmento:

Y es que goza la poesía popular de España del privilegio no concedido a la de otros pueblos, de vivir varias y diversas vidas conservándose casi íntegro en medio de las edades más refinadas y cultas. Desde la antigua canción de gesta hasta el teatro histórico nacional, tan opulento y vario, parece ser una misma la corriente de inspiración. Lo épico, lo ampliamente objetivo o muere al extinguirse el eco de los últimos juglares; la tradición de los grandes hechos de la reconquista, tenaz en la memoria del pueblo, sigue manifestándo se ya en el romance, radiante corona de la musa popular, ya en las leyendas dramáticas de Lope, verdaderos y magníficos fragmentos de una epopeya siempre viva.

A partir del Cantar del Mio Cid, comienza la leyenda de la rebeldía y el destierro que como una sombra nos sigue a través de nuestra historia. Así increpó el Cid al rey Alfonso:

En Santa Agueda de Burgos
do juran los hijos de algo
allí toman juramento
el Cid al rey castellano,
si se halló en la muerte
del rey Don Sancho su hermano;
las juras eran muy recias,
el rey no las ha otorgado:
-"Villanos te maten, Alonso,
villanos que no hidalgos,
de las Asturias de Oviedo,
que no sean castellanos;
si ellos son de León
yo te los doy marcados".

¿Que no observamos en la historia de los próceres cubanos una constante de rebeldía contra la injusticia y de acción en el destierro?

Pero hay algo más importante que nos ha legado la literatura de Castilla: el sentimiento de la hondra que luego devino honra y que va de la mano con la fama. Américo Castro, en su ensayo La guerra santa conceptualizó así al hombre castellano: "Si la religión llevaba e incluía la totalidad del espíritu colectivo español, su valentía y bravura tenían como fin la expresión de su honra y dignidad como individuo". Escuchemos el diálogo del Cid y el rey:

"Por besar mano de rey
no me tengo por honrado;
porque la besó mi padre
me tengo por afrentado".
-Vete de mis tierras, Cid,
mal caballero probado,
vete, no me entres en ellas
hasta un año pasado.
-"Que me place", dijo el buen Cid,
"Que me place de buen grado,
por ser la primera cosa
que mandas en tu reinado:
tú me destierras por uno,
yo me destierro por cuatro".

Escuchemos a Fernán González hablar de las hazañas honrosas:

No cuentan de Alexandre las noches ni los días
cuentan sus buenos fechos e sus cavalleryas
cuentan del rrey Davyt que mató (a) Golias,
de Judas Macabeo fyjo de Matatyas.

Fue con el mismo espíritu de Castilla que el asturiano Alfonso Camín, fundador de la revista Norte y precursor de la poesía afro-cubana, compuso El morro en luz:

Como en el puerto de La Habana El Morro,
que el mar en vano su peñón socava,
yo no pido socorro a la mar brava.
Soy el que ofrece sobre el mar socorro.

Firme ante el tiburón panzudo y zorro
que es en la superficie espuma y baba,
sus dientes mella cuando en mí los clava
y hasta la luz con mi desdén me ahorro.

Firme me encontrará quien me provoca,
igual que el mar que ruge contra el muro
y cuando ruge más, más se sofoca.

Cuanto más acosado más seguro,
yo soy El Morro en luz sobre la roca
iluminando el horizonte obscuro.

Angelito Valiente simbolizó a su madre en el castro de La Habana en la controversia con Naborí en San Antonio de los Baños en 1955:

Amor grande el que yo siento
por aquella madre anciana,
desde allá con una cana
me iluminó el pensamiento.
Levántate, monumento
de luz, de esperanza y fe;
mirarte es saber por qué
nadie tanta luz expande...
Allá está el amor más grande
del mundo, puesto de pie.

Hace diez siglos nació la poesía épica y romántica que le dio fuerza arquetípica a nuestra civilización. Hoy está naciendo en Cuba el cantar de gesta que mantendrá a la Hispanidad en pie de lucha intelectual para preservar vivos tanto la lengua como la literatura de Castilla para todos los siglos.

Escuchemos al Indio Naborí:

Para los que no han querido
más detalle que la ciencia,
la muerte es "la consecuencia
lógica de haber nacido".
Ante su afán concluido
mito es la celeste gloria;
mas, si hay alta ejecutoria,
hay un modo de quedarnos
vivos, y es el de sembrarnos
en el surco de la historia.

En Cubanía y españolidad de José María Chacón y Calvo, Salvador Bueno Menéndez también seleccionó Evocación de Justo de Lara. Escuchemos a Chacón:

Cumplo con un deber de conciencia al evocar esa gran memoria, en el noveno año de la fundación del Premio Justo de Lara. Otorgada la preciadísima recompensa a una serie de escritores ilustres, se ha con cedido últimamente a un trabajo íntimamente unido al ideario de José de Armas. La bella página de Raúl Maestri, Hispanoamericanismo al desnudo, se refiere a esencias hispánicas, que tienen un valor de aglu tinante, no ya en el medio social de nuestra patria, sino en la más honda conciencia de la americanidad. Y esa afirmación de lo hispánico verdadero y real, de lo hispánico sustantivo y eterno, de las puras esencias hispánicas de nuestra América fue una de las notas más firmes, persistentes y armoniosas del escritor que se llamó tantas veces discípulo del caudaloso Menéndez y Pelayo.

Mas la fuerza espiritual en que se basa principalmente la poesía épica hispánica es el mito de Santiago de Galicia que surgió como una necesidad para enfrentarse a los invencibles moros que estaban protegidos por Mahoma. Hubo que erigir al Apóstol un santuario, como los mahometanos lo habían hecho en Córdoba (Zecca), donde supuestamente estaban los huesos del Profeta. Fue así que surgió la figura de Santiago Matamoros y se reconquistó la península hispánica en cinco siglos de luchas continuas. Américo castro en su libro Santiago de España (Emecé. Buenos Aires, 1958), dijo:

Santiago surgió como un grito esperanzador de seguridad en oposición al Mahoma de los enemigos. La fe en Santiago mantuvo su tensión en la poesía épica, en las Crónicas, en Berceo, en el Poema de Fernán González, y en el Poema de Alfonso Onceno.

Veamos este párrafo del de Fernán González:

Querellandos'a Dios el conde don Ferrando,
los finojos fincados, al Criador rogando,
oyo vna grrand voz que le estaua llamando:
"Ferrando de Castiella, oy te crez muy grrand bando".
Alco suso sus ojos por ver quien lo llamaua,
vyol santo apostol que de suso le estaua
de caveros con el grran(d) companna, lleuaua,
todas armas cruzadas com a el semejaua.
Fueron contra los moros, las fazes (byen) paradas,
nunca vyo omne (nado) gentes tan esforcadas,
el moro Almancor con todas sus mesnadas,
con ellos fueron luego fuerte m(i)ente embargadas.

Para los hispanoamericanos hoy se renueva el mito de Santiago del campo estrellado (Compostela) en Cuba. Esta es la cuna de la nueva poesía heroica que lleva la fuerza del ejemplo y la palabra cósmica del Apóstol Martí, quien dijo:

¡Es que bajaba de ver nacer los astros mi poesía!

No.6, Octubre de 2001

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