Revista de Poesía
La Habana-Miami
Santiago de Chile
Se publica en Cuba, de
forma artesanal, en edición trimestral limitada de 200
ejemplares desde Julio de 2000.
Regularmente en la web desde octubre de
2005.
José O. Colon Ruiz (Caguas, Puerto Rico, 1934-2008). Poeta y periodista, educador y líder cívico. Entre su obra se poética destacan los cuadernos Gotitas de rocío (1982), Poesía para computadoras (1984) y Viaje al purgatorio, de donde tomamos este fragmento.
José O. Colon
Noche desnuda
Anoche desnuda le hacías piruetas
al Sol. Bebías el sumo del amor,
y yo compartía tu desnudo cuerpo,
bailando una danza sobre la flor.
Y entre doctas sombras busqué la razón
como quien busca sexo en la canción.
Y entre fiestas y bailes de silencios,
tuve un pedazo de tu corazón.
Todo se esfumó en el bisiesto sueño,
y quise tener tu hermoso cuerpo,
pero, fuiste piedra dura en el amor.
Y cuando busqué la explicación vasta,
como arco iris lírico en la flor,
tu figura se fundió con el sol...
Canto al mar
Viejo mar oleado de eternidades,
mar viejo que te llevaste mi flor.
De tí surgimos, átomos de amor,
lleno de peces, coral, vatestades...
Con azul cántico de eternidades,
cantas música de todos los tiempos,
cantas oleajes, reflejos, o lampos,
y las historias de viejas ciudades.
De tus aguas nació mi cabal vida,
en tu fondo yace la arena ida,
y millones de anémonas y especias.
Tus aguas movieron mi paisaje,
arrastrando en tu eterno, largo viaje,
fuentes de sal, dolor, y primicias...
Canto III (fragmento)
(...) Esta ciudad donde nació mi llanto pajarero, hoy es solamente olvido
triste y amargado.
Dejaré esta ciudad atrás lleno de sueños y de pajarillos preñados.
Esta ciudad que desde lejos contemplaré huérfano de besos,
de luz rejuvenecida o del arco iris floreado de peñas ascentrales.
Me habla la noche dedicada y trabajadora en puertos nuevos
Un ruiseñor multicolor me canta desde lejos. Su siempre es un nada.
Caza versos de poesía atrapada en el tiempo sollozante.
Un duendecillo escribe nombres en la arena de un papel flaco,
y desaliñado. Sueño. Duendecillos por todas partes. Trepan.
Y me persigue una sombra pálida y miedosa.
Una sombra amarilla y otra sombra. Sombras.
Todo esto, que mañana será un ayer, me hace cantar un do-re-mi-fa-sol.
Como todo en el tiempo, sin tiempo. Eterno, desvalijado.
En el espejo del tiempo todo se puede . . .
Es ese vehículo donde todo se junta en uno, ayer, hoy, mañana . . .
Todo presente. Es ese transbordador de sueños, hablando, corriendo,
guiando la nave donde todos nos juntamos. Los que estamos,
los que se fueron. Los que vendrán.
Es el pozo del sueño y del subconsciente.
No puedo quedarme sereno
No, ante la exangüe constante del agua que circula,
besando las nubes o corriendo por las venas del río o del mar.
No . . .
Vengo con las manos atadas, cruzada la mirada, queriendo llorar.
Vengo a cantar a la tierra desde la milenaria canción de los tiempos.
Cósmica mirada, ruido de la televisión, canto de ultramar. Comunicar.
Y me dice: Abre tus alas al cielo.. .Escucha la voz de lo infinito..
El ruido en tu conciencia. Vehículo etéreo en la imaginación.
Jehová, respira, habla, siente en la carreta del hijo de Dios.
El átomo, la molécula del agua que al pasar de los siglos,
Marcha en el vehículo de la relatividad.
¡Nadie me creerá!
Nadie me creerá. En vano levantaré la bandera amarilla
o blanca de mi verso. (...)
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