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Arique, revista de poesía
Se publica en Cuba, de forma artesanal, 
en edición trimestral limitada de 200 ejemplares desde Julio de 2000.
Regularmente en la web desde octubre de 2005.
Cuba  
Puente de la Concordia, Matanzas, Cuba

Carilda Oliver Labra Carilda Oliver Labra (Matanzas, 1922). Premio Nacional de Literatura en 1997; su obra ha sido traducida a varios idiomas y publicada en Cuba y en el extranjero. Le fue otorgado el Premio Vasconcelos en 2002 por el Frente de Afirmación Hispanista.

Carilda Oliver Labra habla de Matanzas

(...) un misterio en el que creemos nosotros los poetas matanceros, creemos en la niebla azul invernal de Milanés y eso es precioso. Y si supieran, él murió en noviembre, nuestro poeta mayor del ensueño, del amor imposible, que cuentan murió loco pero en realidad murió de frío... y los matanceros, poetas o no, lo amamos mucho. (…) Sobre todo en los meses de noviembre y diciembre se declara una niebla azuls sobre el río San Juan, vista desde La Vigía, ahí es cuando los moradores de esta ciudad advertimos  acaso la presencia de Milanés.

Ese es también mi río legendario porque nací en la Calzada de Tirry, en el número 70 y a los seis meses me trajeron a vivir a esta casa. Por aquí vivieron Agustín Acosta, Bonifacio Byrne, por la margen del San Juan paseó Heredia y cantó desde allí a su amor Emilia; nuestra ciudad guarda la huella de Lola Cruz y de la poetisa Gertrudis Gómez de Avellaneda, y todo eso lo vive Matanzas.

Pienso que sí, que esa atmósfera se conserva. Cuando un poeta como Nicolás Guillen venía a la ciudad me decía: "Vamos al río a echar unas monedas y pedir algún deseo, pero no se lo cuentes a nadie porque eso es una superstición y yo soy comunista". Es que se contagiaba con la leyenda, con este espíritu soñador. La gente dice que hay hasta güijes. Incluso, hasta Víctor Manuel pintó los almacenes de este lado del río y Fidelio Fonce también se inspiró mucho en escenas matanceras. (...)
Muchos extranjeros con los cuales he conversado aseguran que Matanzas tiene un aura especial, como de ciudad europea -de ahí el por qué de su tristeza, por la humedad y los tonos azulesgrises-, se prendan de ella, no por el valor de sus edificaciones pues todo es más bien local, se trata de algo inapresable, que flota y subyace, aunque tal vez sea un mito, inexistente, inventado e imaginado por nosotros los matanceros porque creer en ello nos hace falta.

No.1, Julio de 2000
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