Revista de poesía  
Revista de Poesía
La Habana-Miami
Santiago de Chile
  Se publica en Cuba, de forma artesanal, en edición trimestral limitada de 200 ejemplares desde Julio de 2000.
Regularmente en la web desde octubre de 2005.

 
Desde la Atenas de Cuba
 
  Puente de la Concordia, Matanzas, Cuba
 
 
Alejo Carpentier
Poemas de las Antillas está constituido por nueve textos poéticos poco conocidos de Alejo Carpentier. Escritos en francés y en el París de 1929, son recreaciones de ritos sincréticos cubanos (yorubas), musicalizados por Marius Francois Gaillard. Ese mismo año tuvo lugar su estreno parcial en la Sala Erard de la capital francesa. En mayo de 1930 la obra completa -los nueve poemas- fue interpretada por el barítono Georges Petit en los salones del conocido editor Martine. El 28 de octubre de 1930 Poemas de las Antillas fue escuchada por primera vez en La Habana en la voz de Lydia Rivera, acompañada al piano por Ernesto Lecuona.

En 1989 el Ministerio de Cultura de Cuba publica en un breve cuaderno de apenas veinte páginas, una edición bilingüe de la obra con prólogo y traducción de la investigadora Carmen Suárez León. En modesta celebración del centenario de Carpentier, Arique reproduce hoy una muestra de esta poco divulgada faceta poética del autor de novelas tan emblemáticas como El siglo de las luces y Écue-Yamba-Ó.

Alejo Carpentier

I. Ekoriofó

para Lydia Rivera

Carne de gallo negro
degollado
una noche de luna,
maíz, mijo, ron,
pimienta y tabaco,
pólvora negra y tres clavos
oxidados
en cazuela de barro.
Arrójala una noche
en un lugar rocoso,
regresa y no te vuelvas
mientras cantas muy fuerte.
Tras de ti los fantasmas
saldrán de las tinieblas
y las bestias de la sombra
huirán con espanto
al sentir cómo crujen
en sus dientes horribles
las patas del gallo.

París, 10 de febrero de 1929

IX. United Press, Octubre

para la condesa Anne-Marie Bernardette Berdin de Tassée

United Press, octubre,
un ciclón devastó Las Antillas.

El huracán abatió cada árbol.
Un rojo sol muy tímido
ascendió sobre el esqueleto
de tanta casa destruida,
donde cantan los pájaros mojados.
El río se llevó a la vaca negra,
a los santos milagrosos.
Callan los grillos
bajo la hierba que el viento aplastó.
Las auras giran lento
por un cielo cargado de pesar.
No veremos jamás tu pueblo,
tu fanfarria, tu brujo.

El Sena avanza entre la bruma,
la lluvia se desliza sobre los techos grises.
Ah, si yo supiera que tu rosal
sobrevivió a la tempestad,
tal vez el frío me sería más leve.
No veremos jamás tu pueblo,
tus palmas, tus colinas.

París, 2 de mayo de 1929

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