Revista de Poesía
La Habana-Miami
Santiago de Chile
Se publica en Cuba, de
forma artesanal, en edición trimestral limitada de 200
ejemplares desde Julio de 2000.
Regularmente en la web desde octubre de
2005.
Julieta Bermúdez Burgos (1977) Es miembro de la Asociación Hermanos Saíz. Ha publicado los cuadernos Los reyes ilusionados (Ediciones Vigía, Matanzas) y Jugando al oráculo con W. Whitman. Sus poemas han aparecido en antologías y publicaciones en Cuba y otros países. Su poema Por si vuelves está recogido en el Tomo III de la Antología de la Poesía Cósmica Cubana (Frente de Afirmación Hispanista, México, 2002).
Julieta Bermúdez Burgos
Por si vuelves
Extraño fugaz que cruzas por mi mundo,
escucha el gemido de la tierra perderse
en busca de la luz
como un grito de muerte que se queda
vibrando en el espacio.
Me llaman mundos desconocidos
presiente su existencia
a través de los cristales del cielo
como una clave secreta
violando las dimensiones que nos separan.
Grito al universo que me salve de los grises espejos,
mi voz, tan sólo una llovizna que roza los astros
nos une en lo más profundo del cosmos.
No temo a lo diferente,
no importan las formas de nuestros cuerpos
ni sus sombras.
Y he aquí mi señal, errante viajero,
si alguna vez me encuentras
tocaré una música en mi flauta
y esperaré eternamente
por si vuelves.
(sin título)
Donde nace el puente sobre el río,
me ofreciste anoche una de tus hojas
quizás, la única sobreviviente del otoño.
Una muchacha de cabellos rubios
adivina la suerte incierta del oráculo
no sabe que la rama más alta, la asomada al río,
espera desnuda por aquellas alas
que guarda inocente ese loco de aire místico.
Vuelve el olor lejano de las aguas…
Ah, viajera de las nevadas, besa pronto el árbol
tal vez germine en tu alma su silencio.
Cruzan diáfanos los trenes
buscan al que cuenta las estrellas
y se pierde en la inmensidad.
Un jinete cabalga sobre las páginas
va dejando su huella tras los versos,
cómo se esfuma en la infinita quietud de los siglos.
Ella falta pero el viento sopla cánulas plateadas,
música de humo.
Las guedejas del histrión también preguntan
mas la hojarasca le advierte:
- Los peces devoran la madera,
tú, aguarda oír el gemido tembloroso de su alma.
Escuchen el último llamado de los barcos en la lejanía…
¿Qué no podrán hacer sus manos,
las manos del arpa sedientas de misterio
cuando tocan al sol de la vida y la oración del fraile de Asís.
Yace un árbol desnudo a mis pies
no importa que mueran mis amantes por la sed de los puertos
tú me has ofrecido una de tus hojas
y es quizás la única que me salve del otoño.
Otoñal
Un soplo de penumbra esparce
las sombras grises de los puentes.
Alguien espera enmudecido bajo las aguas
la nevada que nunca llegará.
Suave transparencia,
aguardarás perenne en lo profundo,
aquí sólo caen las hojas
y la ciudad muere húmeda.
El humo se desprende de las velas
bajo su sombra aman los espejos,
duerme la quietud.
Su paso es el vuelo de las puertas
que besan las hojas
hiere el vacío
y todo se vuelve una silueta
una danza de etéreas figuras.
Matanzas
I
No salven a la ciudad
que yace deshojada
puede perderse en las tardes y caminar descalza los ríos.
En sus muros se hiela el espacio y queda inmóvil la luz.
Que se esfume en la lentitud de los trenes pero que vuelva
donde andan moribundos los barcos y el musgo es una senda
imprevisible.
II
El caminante de los pies grises
se posa en el campanario más alto
para llorarle a los tejados su mudez.
Esta ciudad quedó atrapada
en el espacio interminable de un instante,
en un vuelo eterno.
¿Quién vertió este cántaro de islas y peces sobre mi cuerpo?
Alguien muere perdido.
Un hilo de polvo se eleva.
Las ballenas hieren la transparencia,
se lamentan las aguas de ser indiferentes a sus ojos.
Si pudieran ahogarse en lo profundo.
Credo de lo obscuro
En la inmensa quietud del vacío
soy una presencia
que habita en los cristales,
en las sombras que pasan los espejos,
en la serenidad profunda del dolor.
El gemido de las puertas viejas,
eco lejano de mi voz,
se vuelve ahora el credo de lo oscuro,
de sus pasos, de mí.
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